Medio Ambiente

Podemos, y sabemos que podemos, estructurar una sociedad nueva, una sociedad mejor. ¿Cómo hacerlo?

La vida no se puede guardar, la vida se vive gastándola. Como los besos, que no se pueden guardar besos para el futuro porque beso que no se da, se pierde. Así deben ser las relaciones entre los hombres, que nos permitan gastar la vida en la generosidad con el otro, que se revierte en al generosidad del otro para conmigo. 
En esto si que no somos igualitarios, porque la manera de incrementar la felicidad es tratando todos de dar más de lo que se recibe. Si diéramos lo equitativo, entonces la marcha de la sociedad se detiene, porque la vida no es una relación de equilibrio, sino de compensaciones armónicas de progreso indefinido.
Como dice Kropotkin, lo que se admira del hombre ético es su exuberancia de vida, que lo impulsa a dar su inteligencia, sus sentimientos, sus actos, sin pedir nada a cambio, pero recibiéndolo de todas maneras porque los otros lo reciprocan. Pero este desequilibrio no puede ser tal que un grupo, el que gobierna, siempre reciba en forma permanente y obligatoria porque son gobierno.
Pero esta generosidad no debemos confundirla con beneficencia, ni el tan elogiado espíritu altruista como contrapuesto al egoísmo, ni tampoco es angelismo. Como dice Atahualpa Yupanqui, despreciamos la caridad por la vergüenza que encierra. No es que debamos sacrificar nuestra individualidad en beneficio de la sociedad, como si la felicidad del individuo fuera algo distinto a la del colectivo, como sostiene el liberalismo. Si pretendemos vivir una vida plena, intensa, de realización de nuestras mayores posibilidades, esto sólo lo podemos lograr en el seno de una comunidad que la haga posible, reunido con todos los otros y no a pesar de los otros ni contra los otros. Por eso la distinción entre altruismo y egoísmo es absurda porque, como dice Godwin, No hay estrictamente derechos sino exigencias de apoyar a los demás bajo una tónica de reciprocidad.

Comenta aquí