Cultura

Ceija Stojka, el arte que denuncia el genocidio nazi contra el pueblo romaní

Cuervos, botas militares, perros adiestrados para oler la muerte, esvásticas, alambradas o seres famélicos, se cruzan con los girasoles o carromatos en medio de la naturaleza, en la muestra de Ceija Stojka, testigo del genocidio nazi contra el pueblo romaní, que inaugura hoy el Museo Reina Sofía.

Se trata de la primera exposición en España de Stojka (Kraubath, 1933-Viena, 2013) escritora y pintora de etnia gitana, quien durante la Segunda Guerra Mundial sobrevivió a tres campos de concentración (Auschwitz-Birkenau, Ravensbrück y Bergen-Belsen).

En 1945 fueron liberados los campos de concentración por los ejércitos aliados, de los que pudieron salir Stojka y su madre, explica a Efe, una de las comisarias de la muestra, Paula Aisemberg.

Su madre la cuidó durante más de 30 meses, del 43 hasta el 45. Cuando los ingleses entraron en los campos de Bergen-Belsen, las dos pudieron salir, ella tenía 11 años, y recorrieron durante más de tres meses todo Alemania a pie hasta llegar a Viena, donde encontraron a sus cuatro hermanos supervivientes, y empezaron una vida otra vez nómada.

Se quedó embarazada, tuvo tres hijos, vendió alfombras en los mercadillos, se tiñó el pelo de rubio para parecer más austríaca y no llamar la atención sobre su etnia, pero la memoria de aquel horror vivido le golpeó en los años 80, cuando esta mujer, que no sabía escribir -todo lo transmitía oralmente-, perdió a su hijo, y fue entrevistada por una documentalista, Karin Berger, sobre su deportación.

«Compartió con la documentalista sus primeros escritos y fue como su hubiera explotado una olla a presión, explotó a los 54 años y comenzó a escribir y a pintar desaforadamente. Tenía necesidad de gritar. Berger le ayudó a publicar su primer libro (tiene tres), que fue un gran revuelo en Austria, y se convirtió en la portavoz del genocidio gitano», precisa la comisaria.

La muestra bajo el título «Ceija Stojka. Esto ha pasado» reúne 140 obras y material documental (fotos, videos y publicaciones) y aunque la artista pintó todo a la vez, tanto los cuadros que representan su vida idílica antes del Holocausto, con una infancia alegre y nómada en medio de la naturaleza, como los que pintó plasmando el horror sufrido, la exposición comienza por las obras sobre su infancia.

Autodidacta, Stojka, que a sus 8 años vio como se llevaban a su padre los hombres de la Gestapo, escribía fonéticamente y pintaba sobre papel, cartón o lienzo, con pincel o directamente con los dedos.

Los textos que aparecen y cartelas de los cuadros son tan demoledores como algunas de sus pinturas; a veces construidas con un trazo ingenuo o naif, con colores vivos, y otras en tonos más sombríos hasta con tierra, con un carácter más existencial.

«El kapo entró con el látigo y me dijo:’¡te vas recorrer todos los camastros y donde haya un muerto lo sacas! A los dos de arriba los tiras abajo y los arrastras igual hasta la puerta’ Y yo… yo hacía rodar los muertos hacia abajo. Hacia adelante, hasta que zas!…», escribe Stojka en uno de sus estremecedores textos.

El trabajo de Stojka ha servido para desvelar la persecución racial a los gitanos en los años 30 y 40, y está en el origen del reconocimiento oficial por parte del gobierno austriaco de su genocidio, según explica el Reina Sofía.

En el catálogo de la exposición, Gerhard Baumgartner recuerda que en Austria, el 90 por ciento de la población romaní y sinti fue asesinada.

«En el resto de Europa, debido a que las comunidades gitanas estaban menos organizadas que las judías, es más difícil evaluar el número total de asesinatos, aunque los expertos creen que se sitúan entre los 220.000 y el medio millón», añade el museo.

Organizada por Maison Rouge de París, en colaboración con el Museo Reina Sofía, la muestra ha sido comisariada por Paula Aisemberg Noelig Le Roux y Xavier Marchand, y está abierta desde el 21 de noviembre hasta el 23 de diciembre.

Carmen Sigüenza

Fuente :EFE

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