Economía

Dólar e IFE: así funciona la pirámide de «coleros digitales» que alimenta al blue y que el Central busca desarmar

Una ruta que va desde los barrios populares hasta las cuevas para comprar los U$S200 permitidos.

El Banco Central pensaba prohibir el acceso al mercado de cambios a los 9 millones de beneficiarios del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), que la Anses comenzó a abonar de forma masiva en cuentas bancarias. Finalmente, no lo hizo aunque reforzó el control en los bancos a las compras de dólares. Tenía dos motivos para avanzar en esa dirección.

El primero, de lógica económica: si un monotributista o autónomo que toma un crédito a tasa 0 no puede comprar dólares, o si una empresa que recibe ayuda estatal para pagar salarios tiene prohibido hacer “contado con liqui”, tiene sentido que quien cobra la asignación más directamente vinculada a la emergencia alimentaria tenga vedada la compra de moneda extranjera.

El segundo tiene implicancias penales: el Gobierno sospecha que un puñado de cuevas armó una red de “coleros digitales” para abastecer al dólar blue y, posiblemente, otras operaciones ilegales como el narcotráfico.

Como contó TN.com.ar, el «colero digital» surgió con la cuarentena. Operaciones que antes se hacían en efectivo (un persona compraba dólares, los retiraba por ventanilla y los llevaba a la cueva) se «formalizaron»: todo quedó registrado en transferencias bancarias. Pero detrás de esta «avivada» no solo hay personas de buen poder adquisitivo que quieren comprar más de U$S200 al tipo de cambio oficial más una comisión.

La investigación tuvo como punto de partida una serie de allanamientos de principios de junio en la city porteña. El 2 de ese mes, por ejemplo, inspeccionaron tres cuevas, en las que se encontraron pesos, dólares y otras divisas y documentación en papel, celulares y notebooks. A partir de esas operaciones, el Banco Central comenzó a tramitar sumarios cambiarios por infringir la ley penal cambiaria, además de la violación de la cuarentena.

Entre la información recolectada y algunos testimonios, la Justicia en lo Penal Económico y el Banco Central encontraron trazos de una red de personas que iba a barrios populares y organizaba pirámides. Se abrían cuentas bancarias a nombre de distintos titulares sin capacidad adquisitiva para comprar el cupo de U$S200 mensuales. Esas cuentas eran gestionadas por una suerte de “puntero digital”, a cambio de una suma fija de dinero.

Con esas cuentas, abastecidas de pesos, el “puntero” compraba dólares en el mercado oficial y los iba transfiriendo hacia arriba, en un esquema piramidal con distintos escalones. Así, el primero recolectaba los puñados de U$S200 y los transfería de a montos mayores hasta que, en la punta de la pirámide, unas pocas cuevas recibían las divisas.

Según la sospecha, estas cuevas hacían la gran diferencia: terminaban comprando dólares en el mercado oficial más alguna comisión, por lo que pagaban en torno a $100 lo que después vendían a $125 o $127. Los investigadores no descartan vínculos con el narcotráfico.

La magnitud del negocio iba en aumento. La Nación publicó el 29 de junio que la entidad que preside Miguel Pesce había detectado que un puñado de cuentas bancarias recibió transferencias por un total de 40 millones de dólares en un mes. Casi el 10% de todo el volumen de compras para atesoramiento de mayo: U$S438 millones.

Como referencia, si en marzo hubo 400.000 personas físicas que compraron dólares, en abril la cantidad de particulares que adquirieron divisas para atesorar subió a 1,2 millones y en mayo, a 2,4 millones, siempre según datos oficiales.

Eso motivó a que los bancos comenzaran a enviar alertas a sus clientes y a bloquear cuentas, ante la aparición de ingresos difíciles de justificar. Ese dinero, aclararon en las entidades consultadas por TN.com.ar puede retirarse por ventanilla, pero no operarse vía home banking.

La medida de máxima, la prohibición de comprar divisas desde CUITs de las personas que cobran IFE, hubiera restringido el acceso a a dólares oficiales a 9 millones de personas: titulares de AUH, monotributistas de las categorías A y B y trabajadores informales. Era una manera de cortar el negocio de los “coleros”. No es que se dolarizaba el IFE ni la AUH, sino que las personas con más necesidades son el público predilecto de estas organizaciones delictivas.

El jueves por la noche, el Banco Central explicó que no quiso restringir «el derecho de ahorro» de quien quiera dolarizarse de manera legítima. En cambio, emplazó a los bancos a endurecer los controles sobre las cuentas que reciban transferencias de dólares en forma inusual. «En esos casos, los bancos van a tener que llamar al titular (de la cuenta) y pedir explicaciones». Si no pueden justificar la operación, «se rechazan las transferencias y regresan a las cuentas de origen», indicaron en la autoridad monetaria.

Fuente: TN

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