Opinión

Patricia Bullrich recordó su paso por la JP: «Nos creíamos dueños de la verdad»

«Era flor de Montonera» había dicho su maestro. Los recuerdos de su pasado en la lucha armada de una de las voces más fuertes de la oposición.

patricia Bullrich fue entrevistada por Jorge Fontevecchia en su ciclo Periodismo Puro en agosto de 2019, cuando todavía era ministra de Seguridad de la Administración Macri. Recordamos el fragmento en donde habla de su pasado y sus comienzos por ser el Día del Montonero.

—Patricia Bullrich Luro Pueyrredón, tres apellidos de prosapia patricia y antiperonista. Sin embargo, a los 15 años, en los 70, fuiste montonera. Estuviste presa en la cárcel de Devoto seis meses, en 1976 te fuiste al exilio. Viviste en Brasil, México y Francia. Volviste a la democracia, primero con Antonio Cafiero, luego con Carlos Menem. (…)  ¿Qué te determinó a actuar en política?

—Siempre sentí la vocación, desde muy chica. Algo que quizás dicen los chicos en algún momento, que quieren ser presidentes cuando sean grandes, en mi caso era verdad. Desde muy joven sentí que era lo que quería hacer. Además, me tocó empezar en un momento en el que había un gran aluvión de participación juvenil y eso contribuyó a mi decisión. Antes incluso de entrar a la Juventud Peronista, mi abuela me había llevado a conocer la sede de la Unión Cívica Radical en la calle Tucumán, conocer a Ricardo Balbín. Mi abuela materna era radical de alma. Recuerdo que cuando entré en ese lugar sentí que era como vieja. Balbín me pareció una persona muy grande. Cuando somos chicos vemos a los demás muy grandes, más viejos. Y eso me pareció Balbín y lo que vi: todo muy viejo, más allá de que en mi familia había mucha historia radical. Y eso me llevó a otras ideas, que también tenían que ver con la impronta familiar. Mi madre conoció a Diego Muñiz Barreto y más tarde a Rodolfo Galimberti. Así es como llegué a ese espacio.

—Un comienzo similar al de mucha gente de tu generación. Lo que hace una diferencia es el recorrido ulterior. Y la continuidad.

—Mi recorrido político puede dividirse en dos grandes etapas y en dos líneas de pensamiento. En la primera etapa no estaban los valores que hoy defiendo: el eje no pasaba por la libertad, por la democracia. La idea básica era la imposición. Imponerle al otro lo que tiene que pensar, imponer la idea de un hombre nuevo, de una sociedad distinta. Nos creíamos dueños de la verdad. Éramos fundamentalistas. En el exilio descubrí lo que significaba todo eso. Conocí otros países, otras maneras de pensar la democracia. Y, una vez más, la libertad como valor. Ese fue un primer cambio. Cuando vi que había gente presa, que había gente que desaparecía, empecé a comprender el valor del Estado de derecho, lo que significaba que la sociedad tuviera reglas. Por eso, lo tengo dividido en dos grandes ideas. Así comprendo yo mi trayectoria política. Dos grandes momentos. Y también dos grandes ideas. La primera se expresó en el peronismo que, en mi caso, no era un peronismo tradicional, sino uno revolucionario. Un peronismo despreciado por el mismo peronismo, que lo veía como algo externo. Ese fue un primer momento. Luego vino la idea de construcción, de una sociedad democrática, sin corrupción, con libertad. Fue una ruptura. Entré al Parlamento en un momento en el que la corrupción estaba a flor de piel.  Cómo será el operativo que custodiará las fronteras el día de las PASO

«En el exilio descubrí la libertad como valor»

—Al final, tu abuela tenía razón. —Sí, tenía razón. —En el prólogo de tu libro autobiográfico, “Memorias de la acción”, se dice “militando desde los 15 años, encontró a la Argentina golpeada, exhausta, frustrada. Soñada por todos como un lugar de realizaciones, en el que se fue quedando estancada, aceptando su decadencia; resignada, casi como algo inevitable”. ¿Es la rebeldía frente a esto lo que te empujó a seguir a pesar de los fracasos anteriores?

—Luchar contra la idea de inevitabilidad de la Argentina, esa frustración, el permanente fracaso. La certeza de que estamos condenados. En mi caso fue un gran motor la certeza de que no teníamos por qué resignarnos a esto. A que la Argentina debe vivir en una eterna decadencia. Buscar el camino, ver cómo se sale. Romper la lógica corporativa, que es lo que viví. No me refiero al peronismo de cuando era más joven, sino al de 1983: un espacio corporativo, un peronismo sindicalizado. Romper con eso que parecía inevitable marcó el cambio. Y esa idea sigue vigente.

—Somos de la generación de los cincuenta años de decadencia argentina.

—Hasta ahora ha sido inevitable. La idea de cambiar todo eso es mi gran motor. Por su parte, su «maestro» en Montoneros Mauricio Zarzuela dijo de ella «era flor de montonera» Galimberti la mandó a militar a esa Básica, la más cerca de la casa de ella. Eso era durante la época de Cámpora. Era una piba de 16 años, ingenua, flaquita, pero muy brava, aguerrida, buena compañera. Iba siempre al frente. Nos hicimos muy amigos: la vi nacer en esa UB, le puse su sobrenombre, milité con ella. ¡Hasta su viejo me dio laburo! Estaba sin trabajo y me llevó a la Clínica. Ella laburaba en la oficina de ahí y yo era cadete, así estuvimos un año. Era muy aplicada, le había dicho a revista Noticias.

«Era una flor de montonera. Sabía de todo, aunque recién había arrancado. Hasta nos prestó el campo de Totó, su abuela, para hacer instrucción militar y prácticas de tiro. Patricia disparaba bien, calzaba calibre 22 y 32. La abuela no se enteró de nada, dormía (risas) y Patricia no tenía problemas en ensuciarse. Me acuerdo que un día la quisieron secuestrar en el subte y volvió a la Básica muy cagada, pero se la bancó: otro se borraba. Ella era muy combativa, iba al frente. Demostraba su coraje, su valentía y su convicción para hacer lo que hacía, ¡ y estaba convencida», precisó.

Fuente: PERFIL

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