Opinión

La humanidad imposible

La humanidad de John y Yoko, la de Imagine, ese ideal de humanidad habría recibido la vacuna del COVID al mismo tiempo en todas partes. Perdimos la oportunidad de mostrarnos como una humanidad consolidada, indisoluble y compensadora, una humanidad como el agua, que acude rápido a nivelar desniveles. Lejos del ideal, el mundo compite, negocia, contrata, divide. Y allí andan los que llegan antes como los que se quedan atrás. La realidad, como siempre, adopta el rostro bipolar del que ríe y del que llora.

Claudio Campagna

Se sabía, claro, que la hermandad humana, que todo lo comparte, era imaginaria. Que la verdad se encuentra dominada por la desconfianza, que las luces navideñas iluminan fronteras, y que vivos y muertos valen distinto, dependiendo de las coordenadas. Pero estábamos ante una oportunidad y, todo parece indicar, que no alcanzaron las virtudes.
En una humanidad a lo Imagine, los héroes son anónimos. Y así lo han sido, en la pandemia, los que salvaron vidas y aportaron dignidad a los escenarios de la muerte. Pero a la causa humana la opacan los que cosechan votos. Ellos hicieron de la “hermandad” un sálvese quien pueda, un juntadero de intereses nacionalistas, una carrera comercial, un universo expeditivo para la conveniencia y cauto para el bien común.
Estamos tan lejos de John y Yoko, que vale preguntarse si conviene seguir imaginando.
¿Cómo se construye humanidad? De una única manera: de a un individuo por vez. Cada humano aporta lo que es, un balance inestable entre vicios y virtudes. Entre lo mejorcito se encuentra el conocimiento científico, y entre lo peor contrasta la crueldad.
Hay un dejo de crueldad en la inequidad humana, y es inequidad que algunos se vacunen mientras otros se contagian. En los tiempos de la historia reciente, parecía que el ser humano había llegado lejos, que era capaz de grandes hazañas: de “gestionar a la naturaleza,” de evitar traspasar la raya del uso evitando el abuso, de acordar el fin de la aventura climática, de salvaguardar la “biodiversidad.” Ese ser humano es una mentira, porque nada de lo que parecía capaz resultó ser posible.
Y ya que estamos analizando, el Imagine de John y Yoko aporta una mirada mezquina del ser humano. No hay lugar en las palabras de ese himno para una hermandad de la vida. Demasiado enfocado en nuestra forma de vivir, no hay en Imagine una línea para lo que vive y no es humano… hasta los idealistas instalan fronteras.
Y es por esas fronteras, que en parte se mantienen a fuerza de una ceguera para con la crueldad, que se explica esta malvada pandemia. Si se acaba mostrando que el origen tiene relación con los mercados chinos donde un zoológico de especies queda expuesto para que sus particulares pasen de la jaula al plato del consumidor, ¿cómo debería responder el mundo para que el rechazo fuera proporcional al daño?
La humanidad sólo podría responder mirándose al espejo de la crueldad. Hay mucho de cruel en el tráfico de fauna, ya se dijo, pero también lo hay en el trato de las especies domésticas destinadas a alimento humano, y en el desperdicio de miles de millones de animales, antes quitados al mar, que acaban como basura porque no valen plata, y el desperdicio de miles de millones de árboles que acaban incendiados por pseudo-humanos colmados de estupidez, y el desperdicio de cientos de millones de pájaros que mata los “cazadores deportivos” y los gatos de los amantes de las mascotas. Esa era la humanidad que teníamos antes de la pandemia, que la crisis podía cambiar, pero que claramente sigue intacta.
Puede que tengamos, en lo personal, justificadas razones para celebrar encontrarnos entre los vivos cuando a tantos, tantos, tantos otros los detuvo “el destino.” En mi balanza, ellos agrandan la cara del llanto, la desproporcionan con relación a la de la risa. Y si me pongo a pensar en animales y plantas, la comedia se desvanece del todo y sólo queda la gran duda: ¿llegará el momento en el que el concepto de humanidad pase a ser de carne y hueso ?
Tengo esperanzas en las generaciones que en unos años analizarán la respuesta de la humanidad a la pandemia de COVID, para descubrir lo vulnerables que somos, lo dependientes de la moneda y la política. Así como algunos de nosotros no podemos perdonar a las generaciones de nuestros padres y abuelos por las grandes guerras de las que fueron capaces, vamos a ser evaluados como aún más peligrosos que ellos por la generaciones que nos continúan.
No vamos a ser perdonados por apartarnos tanto de la humanidad a lo John y Yoko. Y hasta a ellos se los recriminará por cortos de vista.
Sería bueno llegar a vivir para presenciar ese juicio generacional. Claro que antes tenemos que pasar la prueba a la que nos expone esta “mísera molécula,” egoísta y agrandada, que es el Coronavirus. Es un terrible examen en el que nadie nos muestra la hoja para dejarnos copiar.

Fuente:Blog del Proyecto Lemu

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