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Donald Trump aseguró que el juicio político que debate el Congreso es «absolutamente ridículo»

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que el proceso de juicio político que se debate en el Congreso es «absolutamente ridículo». Lejos de ensayar una autocrítica y a días de dejar el poder, el magnate republicano dijo que su discurso previo al asalto al Capitolio fue «totalmente apropiado» y graficó su situación actual como «la mayor caza de brujas de la historia». Un día antes de la violenta jornada, una oficina del FBI de Virginia había emitido una advertencia interna señalando que manifestantes extremistas se estaban preparando para una «guerra». La revelación del Washington Post es una muestra más de los graves errores que se cometieron a la hora de prevenir la revuelta que dejó un saldo de cinco muertos y decenas de detenidos.

Trump viajó el martes a Texas en su primera salida desde el ataque al Congreso, reiterando su voluntad de permanecer en la Casa Blanca hasta el fin de su mandato y pese a la presión de los congresistas demócratas que exigen su salida inmediata. Visitó el muro fronterizo con México, emblema de su política antimigratoria. El lunes por la tarde se reunió con el vicepresidente Mike Pence, quien rechazaría el pedido de los demócratas para destituirlo invocando la 25ª Enmienda de la Constitución. En el Congreso se votará este miércoles el impeachment bajo el cargo de «incitación a la insurrección» que podría convertir a Trump en el primer presidente de Estados Unidos en ser acusado dos veces en un juicio político.

«Caza de brujas»

«Esta es realmente la continuación de la mayor caza de brujas de la historia. Es ridículo, es absolutamente ridículo. Este impeachment está causando una ira inmensa», dijo el presidente estadounidense desde los jardines de la Casa Blanca y antes de subirse al avión que lo depositaría en el estado de Texas. «No quiero violencia», agregó en su primera declaración a la prensa desde la revuelta del seis de enero. También denunció el «error catastrófico» de redes sociales como Twitter y Facebook que suspendieron su cuenta acusándolo de incitar a la violencia.

Trump viajó a Alamo, Texas, para «marcar la finalización de más de 400 millas (640 kilómetros) de muro fronterizo», algo que considera una «promesa cumplida». Sin embargo, en los papeles se está muy lejos del «gran muro» prometido por Trump en la campaña electoral de 2016. Del total finalizado, solo unos 20 kilómetros fueron construidos en zonas en las que antes no existía ninguna barrera física. El resto corresponde a mejoras o refuerzos de barreras ya existentes. Además México nunca pagó por el muro, tal como había prometido Trump.

Durante su fugaz visita a territorio texano, el mandatario saliente pronosticó una «calamidad absoluta» para la seguridad y la salud pública del país si Joe Biden revierte sus políticas migratorias y no sigue construyendo el polémico muro con México. También aseguró que es «el momento de que nuestra nación se recupere y el momento de la paz y la calma» y lamentó que «una turba irrumpió en el Capitolio y destrozó los pasillos del gobierno» porque «creemos en la legalidad, no en la violencia ni los disturbios».

Segundo impeachment

Con el respaldo de una gran cantidad de congresistas demócratas y el posible apoyo de algunos republicanos, se espera que la acusación contra Trump se apruebe fácilmente el miércoles. El exitoso empresario podría convertirse en el primer presidente estadounidense que es sometido a dos juicios políticos en el Congreso.

Trump ya fue sometido a un impeachment cuando la Cámara de Representantes lo acusó en diciembre de 2019 de presionar al mandatario ucraniano para que investigara por presunta corrupción a Joe Biden, actual presidente electo y quien entonces aparecía como su principal rival político. Trump fue finalmente absuelto por el Senado de mayoría republicana.

Tras una eventual nueva acusación de la Cámara Baja, queda la duda sobre el rumbo y el desenlace del juicio que luego tendría que celebrarse en el Senado. Los demócratas tomarán el control de la Cámara Alta el 20 de enero, pero necesitarán el apoyo de muchos republicanos para lograr la mayoría de dos tercios necesaria para condenar al presidente. Decididos a no perder el tiempo, los demócratas buscaban aprobar el martes una resolución pidiendo al vicepresidente Mike Pence que destituya al presidente de su cargo.

Mientras no lo saquen del poder, la «complicidad» de los republicanos con Trump «pondrá en peligro a Estados Unidos», advirtió la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Acusando al inquilino de la Casa Blanca de haber «incitado a una insurrección mortal», la líder demócrata reiteró su ultimátum a Pence para que responda «en 24 horas» a la Cámara en caso de aprobarse la resolución.

Lo cierto es que el encuentro cara a cara entre Trump y Pence marcó un giro importante en su relación, tensa desde el convulso seis de enero. Pese a las presiones de Trump, el vice estadounidense manifestó ese mismo día a través de una carta que no impediría la validación en el Congreso de los resultados de la elección presidencial, desatando la furia del presidente y sus seguidores. Ahora todo parece haber vuelto a la normalidad.

El FBI anticipó la «guerra»

Como muestra de la desorganización con la que se retira del gobierno la administración Trump, se conoció un informe interno del FBI que un día antes del asalto al Capitolio alertaba que un grupo de extremistas se preparaba para «desatar una guerra» en Washington. La información, revelada este martes por el Washington Post, contradice las declaraciones del jefe de la oficina en Washington del FBI, Steven D’Antuono, quien dijo el viernes que la agencia no tenía «ninguna indicación» de que hubiera nada planeado para el pasado seis de enero.

Sin embargo, la oficina del FBI en la cercana ciudad virginiana de Norfolk había advertido, en un informe aprobado para su publicación interna el cinco de enero, de los planes de manifestantes de ultraderecha que habían compartido incluso un mapa de los túneles del Capitolio. Una de las publicaciones en redes que la agencia de inteligencia incluyó en su informe advertía: «El Congreso tiene que escuchar cristales que se rompen, puertas que se abren a patadas y sangre derramada».

Fuente:Página12

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