Opinión

Betina Duarte: «La tecnología no puede ser el único escenario para aprender»

Con la pandemia, la escuela pasó abruptamente a la virtualidad. Más allá de cómo funcionó, hoy está claro que será difícil volver a la escuela anterior a la covid-19. Cuál será el uso de la tecnología en el aula de ahora en adelante, cómo se dará el proceso de incorporación en las escuelas, son cuestionamientos que muestran el momento de bisagra que atraviesa la educación en Argentina. “La tecnología puede mediar en el aprendizaje, puede potenciarlo y lo puede acompañar. Pero no puede ser el único escenario para aprender. Los adultos estamos aprendiendo que necesitamos volver al lápiz y al garabato y no quedarnos solo en lo que nos aparece en la pantalla. La creatividad tiene que ver con la motricidad”, dice Betina Duarte, desde la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE), experta que viene pensando en este momento único en la historia en que las tecnologías para el aprender dieron un salto cualitativo.

Con la pandemia, dice, también se hizo visible para madres y padres esa “caja negra” que era el aula. Al mismo tiempo, para quienes inciaron ciclos lectivos este año, el estrés fue mayor: “Sin tener a treinta centímetros a ningún par, les resulta una experiencia imposible de desarrollar. Ya no hablo de lo educativo sino de la dificultad de lo social. En estudiantes del último año de secundario, el fenómeno que se está viendo es que prefieren repetir, porque les quitaron el último año”.

Betina Duarte es directora del Departamento de Ciencia y Tecnología de UNIPE. Licenciada en Matemática (UBA) y Doctora en Educación (UDESA), es además profesora de Didáctica de la Matemática e investiga sobre temas de enseñanza de la matemática en el nivel secundario. En esta entrevista reflexiona sobre estos interrogantes que la pandemia expuso con mayor crudeza.

–¿Cómo fue su camino de la Matemática a la Educación? ¿Siempre le importó la enseñanza?

–Yo como matemática egreso en el año 1992 y tengo todo un primer recorrido haciendo investigación en Matemáticas y también en Economía Matemática. Lo que pasa con un matemático es que siempre da clase. A diferencia de otras profesiones, el matemático que hace investigación siempre acompaña la investigación con clases y a mí tanto la manera en como yo enseñaba o como los estudiantes aprendían era una de las cosas que me generaba más interés, más que alguna de las cuestiones que yo estudiaba o acompañaba. Para mí la actividad de enseñanza era placentera, era interesante. En algún momento decidí dejar la investigación en Matemáticas, no me resultaba atractiva como actividad.

–Dice “a mí me resultaba placentero”, ¿no es lo habitual que a un matemático le guste dar clases?

–Hay gente muy diversa. Yo he tenido en Exactas docentes de Matemática muy abocados a la actividad de la enseñanza y otros que mientras enseñaban, refunfuñaban. Lo que hay menos es la pregunta de qué pasa con el aprendizaje del otro lado. Hay menos preguntas didácticas de por qué un recorrido o por qué otro. Como que esas preguntas habitan menos en quienes enseñan Matemáticas.

–Con la pandemia la tecnología se instaló abruptamente en la educación, todo el mundo salió a tratar de resolver con lo que tenía, y se vieron muchos vacíos… ¿Cómo lo ve usted?

–De acuerdo con eso, pintaría el panorama con algunos colores. Podríamos decir que antes de la pandemia había proyectos aislados, coqueteos con la tecnología, usos tal vez más profesionales alojados en determinadas escuelas para determinado público y para determinadas formaciones de estudiantes. Había proyectos de uso de la tecnología que no eran imprescindibles y entonces quedaba relegado el interés a ciertas instituciones o ciertos docentes. La adhesión al uso de la tecnología era entonces dispar, de distinta intensidad y de distinto alcance en términos de público. Cuando llega este fenómeno irreversible, había que darle batalla y la solución que propuso el ministerio nacional, como también se dispuso en otros países, fue continuar adelante de algún modo. Entonces la solución fue recurrir a cualquier recurso tecnológico, que fueron de distintos tipos para poder seguir adelante con el proyecto educativo. Así hay docentes que con sus celulares filmaban una clase que escribían desde el vidrio una ventana o que se compraron una pizarra blanca pequeña y la colgaron en alguna pared o que pintaron alguna pared del cuarto de color verde pizarra para poder escribir. Por supuesto que se acentuó la desigualdad. Ya la veíamos venir, no fue una novedad para nadie. Esa llegada de la tecnología fue más un “veamos qué hacemos” y en ese escenario es donde yo digo que la estrategia, no sé si ganadora, pero sí la estrategia de más productividad, era la de aceptar que estábamos viviendo una situación extraordinaria y que la podíamos usar como un laboratorio, como un punto de estudio en la medida que esto fuera posible. Porque los docentes también se vieron completamente sobrepasados por lo que tenían que hacer, pero también en la medida en que pudiéramos, era bueno guardar este momento como un momento para hacerse preguntas, que esas preguntas comandaran ensayos y que esos ensayos comandaran ciertos avances.

Surgen muchas preguntas acerca de si esta educación está funcionando, si los chicos y chicas están aprendiendo. Incluso mucha gente habla de que perdieron la escuela y los docentes se quejan porque estuvieron trabajando más que en toda su vida. Entonces, ¿se puede aprender con la tecnología?

–Lo primero que puedo decir es que es necesario plantearse esa pregunta porque a la presencialidad, como un fenómeno cercano, no la tenemos. Nuestros jóvenes no pueden quedar en una laguna y sin proyectos. Por supuesto que en el medio tenemos un problema muy severo en que los estudiantes no tienen forma de acceder a internet en una enorme cantidad de casos, ni tampoco forma de acceder a computadoras. Ahí ya tenemos dos grandes problemas. Muchos tampoco disponen de vehículo ni de autopista. Algunos tienen vehículo, pero tienen una ruta que está llena de baches y otros tienen autopistas y no tienen vehículos. La orfandad es grande. Pero, de todas maneras, la pregunta por el aprendizaje a través de la tecnología o con tecnología, es una pregunta que debemos hacernos, porque van a llegar las computadoras y va a llegar la conectividad y esta pregunta tiene que estar avanzada. Y en este poco tiempo que transcurrió y entre todas las experiencias que ocurren, nosotros creemos que la tecnología puede mediar en el aprendizaje, puede potenciarlo y lo puede acompañar. Lo único que no puede es ser lo único. La tecnología no puede ser el único escenario para aprender. Los adultos estamos aprendiendo que necesitamos volver al lápiz y al garabato y no quedarnos solo en lo que nos aparece en la pantalla. La creatividad tiene que ver con la motricidad. A los niños les pasa lo mismo en relación a eso y a sus posibilidades de ir al lápiz y sobre todo en relación al contacto humano. Estamos cada vez más convencidos de que los estudiantes necesitan estar en contacto persona a persona, con pares y con adultos para poder aprender. Entonces, no imaginamos a la tecnología como un gran y único escenario en la educación. Sí lo imaginamos como un potenciador, una herramienta más. Todo este momento nos va ayudar a asentar algunas convicciones de cómo usarla, hasta dónde, en qué momento, etc.

¿Recuerda si en la historia hubo otro momento de estas características en relación a cómo aprendemos o cómo se enseña?

–Lo que se me viene como una figura familiar es la llegada de internet. La llegada de internet comenzó a cuestionar la escuela cerrada de puertas adentro y ofreció algunos quiebres. En el área de las matemáticas, la tecnología y el internet comenzaron a ayudar a cuestionarnos por qué la Matemática que se enseña tiene tan en primer plano el lugar del cálculo. Podemos ubicar internet a mediados de los 90 como fenómeno. Han pasado más de 20 años y que la Matemática sea considerada como sinónimo de cálculos sigue ocurriendo a pesar de todas las reformas curriculares y todos los núcleos de aprendizaje prioritarios. Quiero decir que de arriba hacia abajo existe un fenómeno de propuestas de cambio, propuestas de concepciones nuevas de enseñanza, de cambio de currículum. En Buenos Aires tenemos la NES (la nueva escuela secundaria) y cuando uno mira el diseño curricular ve que hay una intención de que haya cambios en el área de matemáticas. Lo que ocurre en las aulas sigue teniendo una demora en el tiempo. El fenómeno de la pandemia, una de las pequeñas líneas de consecuencia que tiene es el fenómeno de la visibilización de lo que ocurre en las aulas. Porque se hacen las clases –si es que los chicos se levantan, si hay internet– y los papás ven lo que ocurre con sus hijos en las clases o al menos tienen alguna chance de verlo. Se hace más visible esa caja negra que solía ser lo que pasaba en el aula.

–Las escuelas hasta hace poco no sabían qué hacer con los celulares y los ponían en cajitas antes de entrar al aula, ¿cómo dan ahora ese salto? Es un cambio que nos cuesta mucho a los adultos y no sé qué le pasará a los chicos con esto también.

–Estábamos entrenando para correr cien metros y vino la carrera de los cinco kilómetros. Hay fenómenos de cansancio y de estrés en los niños de nivel primario, de menos de doce años, que han estado este tiempo trabajando con conectividad, con computadoras, con padres que acompañan. Ahí está la cajita de cristal, y lo que nos está llegando es que los chicos tienen un agotamiento por el uso de este recurso a toda hora.

Antes dijo que la tecnología no puede ser el único recurso, ¿piensa en una forma mixta, con clases presenciales y por internet?

–Tengo la presunción de que va a existir un fenómeno mixto y que estas experiencias obligadas que tuvimos que llevar adelante estos meses todos juntos, en sintonía y todo el sistema educativo, nos van a servir. No se trata sólo de un proyecto en un lugar, sino que aconteció en masa y podemos compartir experiencias y podemos vivir al mismo tiempo el problema y las posibles soluciones. Creo que es muy probable que vayamos hacia un fenómeno de proyecto educativo mixto en el que comiencen a considerarse algunas alternativas a través de más tecnología que la que existía antes, y de menos presencialidad en las escuelas. Pero para que esto pueda ir hacia adelante, vamos a necesitar asegurar que la tecnología y la conectividad estén al alcance de todos porque si no lo que vamos a hacer es generar más brecha y mayor diferenciación entre los distintos chicos y chicas.

Tengo un hijo en primer año y escuela nueva. No sabe lo que daría porque fuera, aunque sea una vez por semana, a la escuela. Tanto para los chicos como para las madres, que en general somos las que sostenemos, es muy difícil.

–Todos los chicos que están en una situación de iniciar un ciclo lectivo han tenido el doble de estrés que cualquier otro estudiante. Los chicos que están iniciando algún tipo de cambio, están muy perdidos. Están perdidos los padres, y están perdidos los chicos. Ya no hablamos de un fenómeno netamente de enseñanza. No estamos hablando un chico que no sabe aprender porque nunca tuvo profesores ni maestros. Estamos hablando de un chico que para saberse y entenderse como un estudiante de escuela secundaria necesita atravesar un proceso puramente social, con la conformación de nuevos grupos de identidad, nuevos grupos de pertenencia. Ese proceso sólo se da con presencialidad. Aun en el caso de chicos con mucha vida virtual, de juegos, con coequipers que están en otras partes del mundo, necesitan entenderse como estudiantes de una escuela secundaria. Sin tener a treinta centímetros a ningún par, les resulta una experiencia imposible de desarrollar. Ya no hablo de lo educativo sino de la dificultad de lo social. En estudiantes del último año de secundario, el fenómeno que se está viendo es que prefieren repetir, porque les quitaron el último año, que tiene un símbolo, tiene un sentido. Es la posibilidad de cambiar, de cerrar un ciclo. Son muchos los chicos que prefieren continuar un año más y poder hacer ese cierre. Es muy complicado porque nadie asegura que el año que viene sea distinto.

–Van a dictar un profesorado de informática en la UNIPE. ¿Cómo surge y por qué este profesorado?

–El profesorado en Informática es un proyecto que comenzó hace dos años en diálogo con la Fundación Sadosky, que viene desplegando en el país un acompañamiento a las escuelas que realizan las reformas que el sistema está pidiendo en esta área de la educación primaria y, sobre todo de la secundaria, justamente en la educación tecnológica. La escuela viene mutando y en esta área, hace diez años, la finalidad era aprender a usar el Word y los programas que hacen y permiten utilizar herramientas tecnológicas. Pero ese aprendizaje quedó en la historia. En el inicio aparecía la necesidad, pero más que nada por la novedad, de entender qué recursos un alumno podría utilizar en una computadora. Yo que tengo muchos años encima aprendí usando el de D.O.S. Entonces ¿qué pasa? Hemos transitado todo este camino en el que fuimos aprendiendo, desaprendiendo, entrando y saliendo con todos los cambios del sistema, que al principio fue bastante desestabilizador. Había que ir cambiando. Windows llega en los 90 y recién ahí se estabiliza un poco el panorama, pero todo el tiempo hay que entrar en paquetes de programas nuevos y cuando terminaste de aprender algo hay que aprender otra cosa. Entonces, como reflejo de ese uso, en la escuela no se pudo estabilizar un currículum acerca de la educación tecnológica pero siempre existió esta certeza de que es necesaria como parte de la formación de un ciudadano. Esto que empieza a llamarse la ciudadanía digital. Entender los recursos de la tecnología, los límites de la tecnología, las trampas, hace a un ciudadano empoderado o hace a un ciudadano dependiente de un sistema en el que las trampas pueden aparecer. Entonces las escuelas comenzaron a perfilar, a diseñar y a pensar qué es un currículum en educación tecnológica. Para que esos cambios que van ocurriendo a una velocidad en lo escolar sean acompañados con una rueda que va otra velocidad en los institutos de formación docente.

Quienes dan este tipo de clases no se prepararon para enseñar, sino que tienen más bien un conocimiento técnico y eso trae algunos problemas. ¿Es un prejuicio o es así?

–Hace rato que hay profesorado de Informática. Pero también existe gente fuera del sistema que tiene un conocimiento de la tecnología que se acerca a enseñar a una escuela desde el lugar de “sé, entonces puedo enseñar”. Hay docentes de informática (no son muchos) y su formación quedó también arraigada al pasado y necesitan actualizarse. Ese escenario lo toma la Fundación Sadosky. Se acerca a la UNIPE y nos propone formar en forma conjunta un profesorado, al que la palabra Informática no le hace justicia. Si yo lo pudiera rebautizar, diría que es un profesorado de Lenguajes de Programación. Entonces estás en condiciones de comprender los problemas que trae, los alcances que puede tener, por qué una votación realizada a través de la tecnología puede tener consecuencias nefastas, por qué todos los datos que ponés en la red pueden derivar en dinero para otros o pueden en un conocimiento tuyo en términos de sujeto que terminen condicionando aquello que ves.

–¿Sería darle una mirada desde las ciencias sociales a la informática?

–Sería entender la informática como una construcción humana. Vamos a promover una formación en la que podamos entramar el aprendizaje de la programación junto con el aprendizaje de la didáctica de la programación, o sea de los problemas que hay entorno a la enseñanza de las Ciencias de la Computación.

Fuente:Página12

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