Medio Ambiente

¿Es inevitable el regreso de la humanidad a la barbarie?

Un vistazo rápido al estado del mundo actual lleva a que cualquiera que desee celebrar el progreso de la humanidad tenga que pensárselo más. De hecho, abundan las pruebas de que la posibilidad de un regreso a la barbarie no debe descartarse por ser demasiado descabellada. A menos que podamos domesticar nuestro sistema económico irracional y, sobre todo, acabar con la adicción del capitalismo a los combustibles fósiles, el colapso del orden social civilizado es casi una certeza.

C.J. Polychroniou

Vivimos en un período de gran complejidad, confusión e incertidumbre global. Estamos en medio de un torbellino de acontecimientos y hechos que están erosionando nuestra capacidad para gestionar los asuntos humanos de una manera que conduzca al logro de un orden político y económico basado en la estabilidad, la justicia y la sostenibilidad. De hecho, el mundo contemporáneo está plagado de peligros y desafíos que pondrán duramente a prueba la capacidad de la humanidad para mantener un rumbo constante hacia cualquier cosa que se parezca a una vida civilizada.
Para empezar, hemos sido testigos de la erosión gradual de los logros socioeconómicos en gran parte del mundo industrializado avanzado desde fines de la década de 1970; el retroceso del estado social coincide con que un pequeño porcentaje de la población es más rica de lo que podemos imaginar, algo que compromete la democracia, subvierte el “bien común” y promueve una cultura del mundo del tipo “perro-come-perro”. Las trampas de la enorme desigualdad económica fueron identificadas incluso por eruditos antiguos, como Aristóteles, y sin embargo, seguimos permitiendo que los ricos y poderosos no solo dicten la naturaleza de la sociedad en la que vivimos, sino que también impongan unas condiciones que hacen que parezca que no hay alternativas a un sistema de dominio en el que los intereses de los ricos tienen primacía sobre las necesidades sociales.

En este contexto, el sistema político conocido como democracia representativa ha caído completamente en manos de una oligarquía adinerada que controla el futuro de la humanidad. La democracia ya no existe en ningún sentido profundo. La función principal de la ciudadanía en las sociedades llamadas “democráticas” es elegir periódicamente a los funcionarios que van a administrar un sistema diseñado para servir a los intereses de una plutocracia y del capitalismo global. El “bien común” ha muerto, y en su lugar tenemos sociedades atomizadas y segmentadas en las que los débiles, los pobres y los impotentes quedan a merced de los dioses. En mi opinión, las características expuestas capturan con bastante precisión el panorama socioeconómico y la cultura política del “capitalismo tardío”. No obstante, las perspectivas de un cambio social radical no parecen muy prometedoras. Los tiempos de oscuridad, por extraño que parezca, nunca han favorecido a la izquierda. Y la izquierda de hoy parece preocupada por las política de la identidad y el enfrentamiento cultural, mientras que las gestalts ideológicas unificadas que guían la acción social y política hacia la construcción de un nuevo orden social socioeconómico están profundamente ausentes. Lo que podemos ver emerger en los años venideros es una forma de capitalismo aún más dura y autoritaria.

Luego, está el fenómeno del calentamiento global que, si no cesa, amenaza con llevar al colapso de gran parte de la vida civilizada. La capacidad con la que el mundo contemporáneo es capaz de hacer frente a los efectos de la crisis climática (olas de calor, frecuentes incendios forestales, períodos más prolongados de sequía, aumento del nivel del mar, olas de migración masiva) genera, de hecho, muchas dudas. Además, tampoco está claro si una transición a fuentes de energía limpia, que está tardando en ponerse en marcha, es suficiente en este momento para contener el aumento adicional de las temperaturas. Sin duda, la crisis climática global producirá en un futuro no muy lejano grandes desastres económicos, trastornos sociales e inestabilidad política.
Si la crisis del cambio climático no es suficiente para convencernos de que vivimos en tiempos de peligrosidad siniestra, añádase a la imagen anterior la amenaza siempre presente de las armas nucleares. De hecho, la amenaza de una guerra nuclear o la posibilidad de ataques nucleares es probablemente más pronunciada en el entorno mundial actual que en cualquier otro momento desde los albores de la era atómica. Un mundo multipolar con armas nucleares es un entorno mucho más inestable que un mundo bipolar con armas nucleares, sobre todo si tenemos en cuenta la creciente presencia e influencia de actores no estatales, como organizaciones terroristas, y la propagación de situaciones irracionales y/o pensamiento fundamentalista, que ha surgido como la nueva plaga en muchos países del mundo, incluido en primer lugar y principalmente, Estados Unidos.

Las reflexiones anteriores no pretenden causar desesperación, ni siquiera sugerir que no ha habido mejoras en algunos frentes, sino solo mostrar que el progreso humano no es lineal y que la regresión social puede tener lugar fácilmente bajo un orden socioeconómico diseñado para realzar el poder de unos pocos a expensas de la sociedad en su conjunto, que es de hecho la marca registrada del capitalismo neoliberal. Las naciones surgen y caen, no necesariamente nuestra capacidad para usar la razón aumenta con el tiempo y con el avance de la ciencia.

De hecho, se puede argumentar con motivos que vivimos hoy en una nueva era de sinrazón. La ciencia todavía es rechazada por mucha gente, la objetividad y la verdad se han convertido en términos controvertidos y estamos retrasando el fin de la era de los combustibles fósiles porque estamos acostumbrados a hacer las cosas de una determinada manera. La economía, la política y la psicología están detrás de la aparente incapacidad o falta de voluntad de la humanidad para alterar el rumbo con respecto a la producción y el consumo de energía, aunque sabemos que los combustibles fósiles están destruyendo el medio ambiente al producir grandes cantidades de gases de efecto invernadero que retienen el calor de la tierra y elevan la temperatura del globo.
Por supuesto, el capitalismo en sí mismo es un sistema altamente irracional para satisfacer las necesidades y deseos humanos; sin embargo, ha existido durante más de 500 años y las predicciones de un futuro poscapitalista llamando a nuestra puerta deben tomarse con cautela. El capitalismo ha demostrado una asombrosa capacidad para evolucionar y puede coexistir fácilmente con diferentes tipos de regímenes, desde la socialdemocracia hasta la dictadura.

Pero ahora está arruinando la Tierra y, a menos que podamos domesticar este sistema económico irracional y, sobre todo, acabar con su adicción a los combustibles fósiles, el colapso del orden social civilizado es casi una certeza. Entonces se abrirán de par en par las compuertas de la barbarie.

Fuente:Blog del Proyecto Lemu

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