Medio Ambiente

Esperanza o ignorar la crisis estructural

Evito titularlo «Esperanza o Ignorar el colapso» para no abundar en un término que parece que se está convirtiendo en un tópico. Hace poco coincidí en una reunión informal, tras un acto reivindicativo, con algunas personas que son máximas responsables de organizaciones políticas a nivel autonómico y que, por tanto, podrían tener o han tenido presencia en el parlamento de alguna comunidad autónoma, o incluso estatal, y la consiguiente responsabilidad política y social que implica.


De entre [email protected] compañ[email protected] surgió espontáneamente un comentario por parte de quien mayor relevancia y proyección pública cuenta de entre quienes estábamos allí. Se refirió a la inquietud que le provocaba que personas de su entorno le hablaran de «colapso», de lo inconveniente que le resulta oir hablar de «decrecimiento», y que lo importante es «dar esperanzas a la gente» – entiéndase aquí gente como [email protected] o posibles votantes -.

Me sorprendió enormemente este comentario, tanto por lo espontáneo como por lo informal y lúdico del encuentro – léase aquí cañas posevento – y por que podía expresar tanto una preocupación personal real, como significar un recado político a [email protected] responsables de organizaciones en forma de límites a no rebasar. Sin embargo, puedo entender y empatizar con la preocupación y la inquietud personal, es humanamente comprensible, pero me decepcionó sobremanera el comentario como posición política.
Es como si hubiera asistido, por casualidad o circunstancias, a una reunión informal de importantes expertos y expertas en medicina y hubiera oído decir a alguien entre [email protected] que no es necesario dar malas noticias cuando el diagnóstico, a la luz de las pruebas, sea de gravedad, que el paciente se podría asustar, que seguro que no entendería nada, que nos rechazaría como mé[email protected] y que lo importante es centrarse en dar «esperanzas» en una situación así. Entiéndase la metáfora, pero por ahí discurría el argumento más o menos, de ahí mi perplejidad.
Bueno, hay que decir que es la postura más extendida en el panorama político ibérico. Incluso la actual ministra de medio ambiente del Gobierno de España – a octubre de 2021 – la suscribiría, y dirigentes del otro partido que forma la coalición de gobierno en España, también, como puede verse aquí o aquí. O sea que lo conveniente, a pesar de la gran cantidad de informes científicos, del IPCC, de ONU Medioambiente, delIPBES, de cientos de institutos de investigación científica de todo el mundo y de miles de [email protected] [email protected] de todo el orbe; sería ocultar o no informar a la sociedad y a las personas de la extrema gravedad de la crisis estructural de nuestra civilización, que nos está conduciendo a un proceso de colapso cada vez más difícilmente ocultable. Y ya.

Esto posiblemente, en alguna cabeza pensante, sea algo conveniente de cara a no perder votos e incluso tener opción de ganarlos en cualquier convocatoria electoral próxima. Y es posible que a corto plazo pueda resultar así. Por contra será muy fácil que,ante cualquier otra situación crítica más, habituales dentro del proceso de colapso del capitalismo que estamos viviendo, la ignorancia o el desconocimiento de la gravedad y alcance sin precedentes de la crisis estructural que sufrimos a nivel global – [email protected] mucho más que [email protected] – la indignación y la desafección política consecuente en la mayoría social se vuelva precisamente en contra de las opciones que más podrían facilitar o convivir con los profundos y exigentes procesos de cambio social, económico, político, cultural y psicológico que se necesitan. No es muy difícil entender que mirarían hacia la extrema derecha y la derecha extrema, con su apoyo mediático, económico, y su argumentario de engaño y manipulación.
¿Tal vez estamos lejos de una crisis en el suministro eléctrico? ¿Quizá sea que es imposible que vivamos un desabastecimiento de gas? ¿No está ocurriendo que haydescensos en la producción de fertilizantes? ¿No faltan microchips y por eso reducen producción o paran plantas de automóviles y electrodomésticos? ¿Y qué pasa con otros componentes electrónicos que también escasean? ¿Acaso no hay escasez de pinturas y materias primas plásticas? ¿No se han disparado los precios de alquiler de contenedores y los fletes? ¿O cómo afectará la subida del IPC a los tipos de interés de las hipotecas?
Sobre la oportunidad de usar el término decrecimiento ya escribí aquí en la entradaViabilidad sistémica. Transmitir esperanzas es fundamental, pero no a cualquier precio, ignorando u ocultando lo extremadamente complejo de la situación, y sobre todo, que ya estamos decreciendo pero de forma desordenada y caótica, cosa que afecta y afectará primero a las capas más débiles de la sociedad comenzando de forma más aguda por los territorios y países más subordinados o debilitados.
 Las esperanzas están en poder organizar democráticamente el necesario e inevitable descenso material y energético del metabolismo de nuestra economía, la relocalización de la producción de los bienes necesarios, asegurar la producción local de alimentos y el acceso al agua potable, la reducción drástica e inevitable de la quema de combustibles fósiles mientras se organiza y planifica una transición energética que no sea una hipoteca imposible para las generaciones futuras, afrontar la necesaria e inevitablereducción del transporte de mercancías por todo el mundo, avanzar en una sociedad de cuidados ya que somos ecodependientes e interdependientes, trabajar menos horas/días a la semana para repartir el escaso empleo y conciliar mejor, implementar laRenta Básica Incondicional, reducir y limitar la economía especulativa y de casino porque es otro factor de supino riesgo añadido, utilizar tecnologías tan insostenibles como el 5G para cosas realmente esenciales, sustituir el PIB como indicador económico por el IPG/IPR… En definitiva, un plan urgente para la resiliencia ecosocial.

Y sobre todo, las esperanzas están en que aun lo podemos hacer si no se oculta o se niega la realidad, aunque cada vez queda menos tiempo.

Fuente:Blog del Proyecto Lemu

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