Cultura

“The Shrink Next Door”, o cómo explorar el desorden de la vida

El sujeto le revela a su terapeuta un momento clave y doloroso que tuvo en su infancia entre sollozos. Del otro lado del consultorio, una voz calmada asegura que aquel ha producido un gran avance. Entonces, con bastante urgencia, el profesional lanza su latiguillo: “Y no tenemos más tiempo por hoy”. La escena se ha visto infinidad de veces en películas y series, tampoco no falta en The Shrink Next Door (estreno del último viernes por Apple TV+), la entrega de ocho capítulos que describe el vínculo entre Marty Markowitz (Will Ferrell) e Ike Herschkopf (Paul Rudd). Un psiquiatra que llega a mudarse a la casa de su paciente, maneja sus finanzas, lo separa de su familia y maneja cual títere durante tres décadas. La mayor peculiaridad es que la relación tóxica entre ambos dos sucedió en la realidad.

El argumento era demasiado inverosímil y adictivo, parecía salido de la cabeza de Woody Allen. O peor aún, de la de Charlie Kaufman. El periodista Joe Nocera fue el encargado de exponer esta historia en un exitoso podcast hace apenas dos años. Un reconocido y estimado psiquiatra de la comunidad judía de Nueva York había establecido un nuevo parámetro en lo que se refiere a la relación amo y esclavo. Este último, un acaudalado y solitario empresario textil en medio de una crisis de mediana edad. El otro un cholulo empedernido, hacía fiestas con celebridades en una mansión en Southampton –propiedad de Markowitz, obviamente-, lo trataba como un empleado y hasta había logrado que cambie el testamento en beneficio de su esposa.

Rudd encarna al sujeto con un encanto maquiavélico mientras Ferrell genera carcajadas, incomodidad permanente y la sensación de estar frente a la vulnerabilidad en estado puro. “Estoy bien, no tengo problemas”. “Me siento horrible”. Entre una frase y otra pasan apenas unos segundos y quien las pronuncia es uno de los emblemas de la Nueva Comedia Americana. Bipolar, aniñado, tieso y sumiso, así se percibe a la criatura de Ferrell. En la superficie, con su espesa barba y anteojos ochentosos, luce como un meme del pintor Bob Ross (el comienzo del tercer episodio remite directamente al pintor estrella de la tevé). Rudd, por su parte, ofrece otra presencia más allá del Benjamin Button viviente que todos conocen. Su personaje es miserable y encantador (algo similar a lo que había logrado con los clones de Living With Yourself). El choque entre ambos será cruel, horrible y adictivo. “Es como cuando un conocido se embarca en una relación tóxica y no podés hacer nada”, grafica Casey Wilson, encargada de interpretar a la esposa del doctor. “Lo que sucedió es tan increíble y, a la vez, es algo que le puede pasar a cualquiera”, opina su compañera de elenco, la enorme Kathryn Hahn, responsable de interpretar a la tozuda -y tan prototípicamente neoyorquina-hermana de Marty.

Hay escenas muy dolorosas de ver (Markowitz ante la imposibilidad de elegir un sándwich, o cada vez que Herschkopf le cobra por los minutos de más en la sesión) y otras hilarantes (la representación teatral donde Markowitz teme que el teatro se incendie por el uso de velas en el escenario). El director de The Shrink Next Door, Michael Showalter (Wet Hot American Summer), surfea una y otra sin distinciones. A la hora de definir un género, la showrunner de la serie no tiene dudas. “Esta es una tragedia. Nunca perdemos de vista lo amargo de la historia. La comedia la usamos para que la gente se relaje, baje la guardia y luego se la golpea en la cara con una verdad inesperada o temas difíciles”, le dice Georgia Pritchett (también responsable de Succession) a Página/12 en una conferencia de prensa vía Zoom.

Más allá de la simbiosis podrida entre los protagonistas, la guionista también quería indagar el rol de las mujeres vinculadas al caso. “Soy peor que su perro guardián: soy su hermana; un perro guardián te mordería, una hermana te saca la tráquea y jugaría con ella como si fuese una flauta”, lanza Phyllis a una novia extorsiva de Marty. Hahn, asegura estar fascinada con la historia y el modo en que se trasladó a la pantalla. “Cuando leí el guion de Georgia quedé pasmada por el modo en que construyó la narrativa”, afirma la intérprete, vista en WandaVision. También está la cónyuge de doctor Herschkopf. “Quedé shockeada por lo salvaje que fue todo”, asegura Wilson, ex miembro de la troupe de Saturday Night Live.

“Obviamente es una historia sobre dos hombres, pero lo de Phyllis y Bonnie es increíblemente importante. Son como la conciencia de los otros dos. Phillys pelea ferozmente por su hermano y trata de ayudarlo, uno cree que ella va a ganar la batalla y te destruye cuando no lo hace. Otra capa de esta historia es la de Bonnie con Ike, ella ama a su esposo, pero sabe que él va por más. Casey encarnó muy bien a este personaje complicado porque nadie sabe hasta qué punto ella fue consciente de lo que hacía su marido. Para mí, no se trataba de etiquetarla como una mujer sumisa que desconocía lo que sucedía a su alrededor. Y las escenas de Katherine con Will realmente parecen las de una relación fraternal”, asegura Pritchett.

– ¿Cuán complejo fue equilibrar el drama con la comedia teniendo en cuenta que es la experiencia de vida de una persona real, que aún vive y decidió contar todo lo que le pasó?

– Para la audiencia esto va a aparecer con las caras de Paul Rudd y Will Ferrell, lo cual te expone o anticipa a cierto tipo de comedia desbocada. Me sentí muy determinada al escuchar esta historia del podcast, y luego de la boca del propio Marty, de representar su historia de la manera más fiel posible. Así que fue muy importante mezclar la oscuridad y luminosidad del asunto, lo emotivo y la gracia. Quería llegar al corazón del asunto y mostrar los contrastes de manera lo más clara posible.

– ¿Cómo fue el proceso de adaptación de podcast a una ficción?

– Fue muy divertido. Sólo escribí dos cosas sobre gente real, una de ellas fue Spice World, así que estamos hablando de algo un tanto diferente. Un primer punto a tener en cuenta: el podcast está contado desde el punto de vista de Marty así que me dejó con un montón de preguntas sobre Ike, lo que pasó entre ellos y cómo sucedió. Ese fue uno los alicientes más atractivos a la hora de concebir este programa. Es lo mejor de dos mundos. Apegarse a lo que efectivamente pasó e imaginar un universo a partir de ello para poder responderlas preguntas que tenía en mente.

– ¿Cuándo escribiste el guion lo hiciste teniendo en mente a Will Ferrell y Paul Rudd?

-Sí y fue algo increíble. Yo escuché, amé ese podcast y traté de conseguir los derechos. Al mismo tiempo que Paul Rudd y Will Ferrell escucharon, amaron ese podcast, y trataron de conseguir los derechos porque querían interpretar a Ike y Marty. Así que todo encajó. Nos juntamos como si fuera una reunión de los Avengers. Eso fue de muchísima ayuda, sabía que quería llevarlos por lugares inesperados. Quería que sus interpretaciones fueran muy fuertes en el sentido emocional. Cuando se sumaron Kathryn y Casey todo terminó de cuajar. Son brillantes en sus papeles de Phyllis y la esposa de Ike. El cuarteto fue el dream team.

-La puesta en escena juega un rol preponderante, ¿cuál era la búsqueda?

-Fue un esfuerzo del equipo de diseño, arte, maquillaje y vestuario. Es una parte muy importante del programa, pero para que se sienta con los cables a tierra, el tiempo y espacio debía quedar bien constituido y no ser una parodia. Fue increíblemente importante el look y el tono. Sé que fue una de las cosas que más disfrutó el elenco. No interferí demasiado y dejé que crearan. Es bastante cruel, como el personaje de Bonnie, siempre parece tomar decisiones catastróficas en relación a su peinado y ropa. Nos divertimos mucho viendo eso.

-¿Cree que The Shrink Next Door es una fábula sobre lo que puede implicar una relación entre paciente y terapeuta?

-No creo que sea una historia con moraleja, creo que la terapia es algo bueno, no son muchos los psicólogos que se involucren con tus negocios o se muden a tu casa. Pero sí resuena en los últimos cinco años en términos de lo que viene pasando en muchos países con sus líderes en términos de lo que es verdad o una mentira, lo que es una fake new y una noticia real, también con la pandemia. ¿A quién le crees? ¿en quién confiás? Puesto en estos términos, creo que la serie analiza lo que puede pasar cuando gente muy inteligente se encuentra en una situación muy vulnerable. Y como esos que están en poder se comportan en relación a los demás que deberían proteger pero tienen otros intereses. Aplica a políticos y no solamente a terapeutas.

– Will Ferrell protagoniza y es uno de los productores de la serie. También es uno de los responsables de Succession, ¿cómo fue trabajar nuevamente con él?

-Es fantásticamente profesional, muy inteligente y criterioso. Se compromete mucho con los guiones y los diálogos. En este caso puso mucho de su esfuerzo dado que él conoció a Marty. No está copiando ni haciendo una impresión, está creando un personaje en su pleno derecho, pero es responsable y respetuoso de la persona en cuestión, porque es alguien real. Fue un reto muy difícil para él como actor. Lo abordó de una manera que es extraordinaria. Su carácter cambiaba en el momento que el director gritaba “acción”, se veía diferente, hablaba diferente, caminaba diferente. Todos nos sentimos de la misma manera. Había un sentido de responsabilidad y a la vez de entusiasmo de contar una historia complicada sin simplificarla, reducirla ni dar repuestas groseras. Exploramos el desorden de la vida y las relaciones.

-¿Cómo fue pasar de escribir para la familia Roy de Succession a estas otras familias, vínculos y personajes?

 

Succession es un programa que te desafía y divierte permanentemente. Hay que buscar la humanidad en personajes que no tienen una pizca de redención y hacen todo por ser odiosos. Me gusta escribir programas que tienen una mezcla de oscuridad y algo que te shockee. Estos programas te permiten explorar y mostrar las peores caras de la humanidad, algo de lo mejor también. Lo que me gustaba, en particular de The Shrink Next Door, es algo ciertamente distinto al caso de Succession. Ahí son todos cínicos y habitan en un mundo desvergonzado y no creo que cambien, por lo menos en lo más inmediato. En The Schrink Next Door, los personajes se embarcan en un viaje emocional muy íntimo. Es el corazón de lo que las personas quieren de la vida y sus relaciones, me interesaba tratar algo que es bien humano a partir de una historia que parece graciosa pero es bastante triste.

Fuente:Página12

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