Política

El desafío de hacer presente el pasado

Uno, dos, cinco, decenas de lugares que funcionaron como centros clandestinos de detención en la última dictadura y fueron señalizados, recuperados y convertidos por la sociedad y las políticas públicas en sitios de memoria: espacios donde la construcción colectiva sobre los delitos de lesa humanidad que tuvieron lugar durante el terrorismo de Estado se vuelve pared, piso, portón, ambiente, terreno. Concreto. ¿Cómo se vinculan esos sitios, en donde muchas veces funcionan museos y archivos, con la sociedad hoy? ¿Qué implicancia tiene ese vínculo en el presente político y social de Argentina? ¿Cómo se puede mejorar para mejorar esta actualidad?

Estas preguntas y algunas otras fueron los disparadores que el Museo Sitio de Memoria ESMA, el Archivo Nacional de la Memoria y la Dirección Nacional de Sitios de Memoria propusieron en la jornada de debate “Presente y Futuro de los Archivos, Sitios y Museos de Memoria” al que invitaron a pensar a tres académicas dedicadas a estudiar temas vinculados con la construcción colectiva de memoria en el país: Claudia Feld, Marina Franco y Valentina Salvi.

Se trata del cuarto encuentro del proyecto “Archivos, Museos y Sitios de Memoria de Argentina. Sinergias para la gestión de políticas públicas de Memoria, Verdad y Justicia”, que tanto desde el Museo como desde el ANM desarrollan desde agosto con el objetivo “de fortalecer esas instituciones, debatir la agenda de políticas públicas que posibilitan su gestión, pensar cómo podemos mejorar”, resumió a este diario Mayki Gorosito, coordinadora del equipo que lleva adelante la candidatura del Sitio de Memoria ESMA como patrimonio mundial de la Unesco. La actividad es en parte financiada por el Programa de Participación de la Unesco 2020-2021. Gorosito compartió apertura con Marcelo Castillo, director del ANM, y con la directora nacional de Sitios de Memoria, Lorena Battistiol, quien subrayó el «desafío» que se les presenta «de cara al futuro acerca de cómo le vamos a hablar a la generación que no conoce estos lugares, que no ha vivido el terrorismo de Estado«.

La charla, moderada por la directora del museo, Alejandra Naftal, derivó en una de las alarmas más actuales que atraviesa el proceso de memoria, verdad y justicia en relación con los hechos de la última dictadura: el avance de la ultraderecha en la arena democrática nacional. O dicho más claramente: el espacio autodefinido «libertario» que avaló la tenencia de armas, aboga por la privatización de la educación y se expresa con violencia sin tapujos para referirse a quien piense distinto. En CABA, ese espacio cosechó el 17,7 por ciento de los votos el pasado domingo, lo que le habilitó bancas en la Cámara de Diputados a Javier Milei y a la negacionista Victoria Villarruel. Las sensaciones de “alarma” y de “preocupación” fueron la base del consenso que unificó a todes les participantes en la charla, varios en modo presencial y decenas en modo virtual.

Abrazar las tensiones

“Lo que vimos en las elecciones no es el comienzo de algo, sino una consecuencia”, planteó Valentina Salvi, profesora de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, apuntando a la circulación que desde “hace años” se viene dando de “determinados sentidos y representaciones” vinculadas al negacionismo de los crímenes de la última dictadura cívico militar. Sucede que Milei y Villarruel son ahora diputados electos, sucede que ese espacio, el de José Luis Espert en provincia de Buenos Aires, y el de Juntos por el Cambio se intercambian acuerdos y halagos “al mismo tiempo que la figura del represor es cuestionada por casi todo el arco político y está, de algún modo, maldita en el sentido de que nadie la quiere cerca. Esa tensión podría trabajarse en los sitios”, puntualizó.

Microviolencias

Claudia Feld, directora de la revista interdisciplinaria de estudios sobre memoria Clepsidra, invitó a pensar de qué manera plantear en los hilos narrativos que despliegan los sitios de memoria “no solo los horrores propios terrorismo de Estado sino también elementos que nos ayuden a comprender los centros clandestinos como dispositivos específicos de violencias de baja intensidad, violencias casi invisibles que se desarrollaron en sus interiores, que son producto de ellos y que persisten fuera”. Ejemplificó con el “proyecto de recuperación”, como señaló al grupo de cautives de la ESMA que fueron obligados a realizar tareas para los represores. “Como sociedad tenemos dificultades de asimilar esas microviolencias”, sostuvo.

Otras urgencias

Para Marina Franco, docente de la Universidad Nacional de San Martín, hay un desencuentro entre la forma en la que los sitios, los espacios de memoria, los archivos, las políticas públicas piensan y cuentan el terrorismo de Estado y los años ‘70 y las nuevas generaciones. “Para los jóvenes de hoy el terrorismo de Estado es un dato histórico demasiado lejano y ajeno, dejó de ser crucial. Puede ser incluso que sea más inquietante la crisis de 2001”, sostuvo la docente e investigadora, y añadió: “Las urgencias sociales y políticas no son las de hace 20 años: la desigualdad, la violencia de género, la seguridad, la conflictividad política dejan al terrorismo de Estado en un lugar de mucha menos urgencia”.

Las cosas también cambiaron en cuanto a la construcción colectiva de memoria de aquellos hechos ya que “los movimientos de derechos humanos se construyeron en base a la urgencia del reclamo por memoria y justicia, pero todo eso ya no es urgente: la memoria y la justicia ya son un hecho”, dijo.

¿Entonces? Es “necesario”, sostuvo Franco, “ampliar los horizontes de reflexión sobre el terrorismo de Estado y los años 70”: “Dejar de pensar en chiquito e integrarlos a un proceso amplio, que abarque todo el siglo XX, que no normalice y que los inserte en una lógica que hilvana pasado, presente y futuro en torno de las características de la sociedad y el Estado argentino”.

Los caminos posibles

Para Alejandra Naftal, “es momento de renovar los relatos” en esos sitios recuperados por la sociedad y es un desafío hoy mantenerlos vivos. Feld recogió el guante y señaló allí otra tensión: “No es que los sitios deben responder a las nuevas demandas de la sociedad, pero sí es interesante que visibilicen esa tensión que aparece entre ellas y las razones que requirieron” la recuperación de los centros clandestinos y su reconversión en sitios de memoria.

Por último, Franco resaltó la “creatividad” del movimiento de derechos humanos de “moverse en tiempo y espacio”, de adaptarse, de abrazar aquello que lo interpela. Como hizo el hilo narrativo que recorre todo el Casino de Oficiales de la ESMA, otrora centro clandestino, que adoptó la perspectiva de género años después de haber abierto sus puertas en clave museológica y visibilizó esa adaptación. “Confiar en esa característica que es su garantía de futuro”, concluyó la investigadora.

El proyecto Sinergias contará con un encuentro más, el de cierre, en marzo próximo y, esperan las organizadoras, de manera presencial.

Fuente:Página12

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