Cultura

Melingo: «Las cicatrices son nuestras condecoraciones»

Linyera, el disco con el que Melingo abrió una trilogía que no hace más que multiplicarse, terminaba con una canción llamada «Juan Salvo, el eternauta». Allí, refiriéndose al inmenso personaje de Héctor Germán Oesterheld, el cantante decía que «cruza fronteras que se mueven con él». Y esa frase encaja perfecto para describir el presente de Melingo (que abandonó el «Daniel» para centrar en su apellido su personalidad artística): sin abandonar del todo la impronta tanguera que abrazó desde que se hizo solista, el hombre cruzó en una misma canción a Jaime Torres con Skay Beillinson, hizo una versión de «Caminito» con instrumentos de la música rebética, contó con la producción del músico electrónico Oliverio Sofía y ahora trabaja junto a Oniria, un productor estrella del trap. «Bueno, intento desarrollar algo de simultaneidad, como el sueño», dice el hombre. «Cuando nosotros contamos un sueño, lo hacemos de manera lineal, pero muchas cosas son simultáneas. Un poco el tiempo es simultáneo, pero para entenderlo nosotros lo pasamos a viñetas, a algo lineal. Entonces, hay algo de eso, me parece, de la simultaneidad que tenemos los músicos, tal vez de una manera inconsciente, pero que manejamos ese futuro y ese pasado inmediatos. El presente no es exacto, ¿no?»

Ese presente inexacto incluye para Melingo haber recibido la distinción como Personalidad Destacada de la Cultura en la Legislatura porteña esta semana (ver aparte), mientras planea el estreno para el año próximo de La ópera del Linyera, un espectáculo audiovisual con guion compartido con Roberto Palacios y puesta en escena de Pichón Baldinú (ex De La Guarda). En el medio se irá de gira a Europa con una orquesta de señoritas, integrada por 14 músicas europeas que ya lo acompañaron en algunas de sus formaciones, para presentar un vinilo doble con temas de todo su trayecto solista. Pero lo inmediato -si de presente inexacto se trata- será volver al escenario de Niceto Club (Niceto Vega 5510) el miércoles 15 junto a su banda eléctrica para retomar el camino de Oasis, el disco publicó en 2019 para cerrar la trilogía del Linyera (después de Anda)… pero que finalmente tendrá continuación.

Melingo dice que no es consciente de esa simultaneidad que maneja en su música mientras cruza fronteras que se mueven con él, como Juan Salvo. «Cuando sale, es mejor. No podés trabajar la consciencia haciendo un trabajo de pensamiento, un recuerdo de sí en el momento, porque no fluye. Por eso tenemos ese plus los músicos: en el momento en el que estamos tocando, paramos la mente. Es una manera como de meditar. Es cuando fluye. Pero ese flujo se para cuando vos pensás. Entonces, aprendí que el análisis tiene que ser después; primero uno tiene que aprovechar ese momento del flujo, cuando aparece todo eso. Después sí, lo analizás, y esos análisis pueden servirte para un posible desagote de alguna otra cosa. Pero es posterior, no tiene que ver con el fluir».

La simultaneidad hizo también que Melingo generara dos falsos documentales (Su realidad, dirigido por Mariano Galperín, y El teorema de Mosner, primera codirección del músico, junto a Esteban Perroud) y ya esté pensando en un tercero, que por ahora se llamará El oráculo de Saquintos, con guión de Rodolfo Palacios igual que la Ópera. «El protagonista es (el periodista de policiales Ricardo) Patán Ragendorfer, que es nuestro ídolo. El tema es una investigación suya por una desaparición mía. Yo no aparezco en la película salvo en material de archivo y con testimonios de gente que me vio por última vez», explica el ex Los Twist, Abuelos de la Nada y Lions In Love.

Y está también el trabajo con Oniria, para una segunda parte de Oasis que «engrosará» la trama de La ópera del Linyera. «Durante la cuarentena, con Pichón fuimos haciendo la adaptación para la puesta. Fue un trabajo muy intenso, básicamente de adaptación, porque teníamos un gran guión con Rodolfo, pero había que pintar el cuadro en escena con esa impronta tan fuerte de Pichón de confrontación con el público. Porque si bien esto va a ser con teatro a la italiana -con proscenio, bambalinas y dispositivos escenográficos-, él está acostumbrado a un teatro de confrontación, en espacios no tradicionales. Entonces, estamos creando un proyecto muy potente visual y sensorialmente».

-La historia descripta en Oasis da para eso: hay sangre, violencia, resurrecciones…

-Hay mucho policial (se ríe). La mano de Rodolfo se nota. Limamos, pulimos y peinamos muchísimo la trama policial, mafiosa, ¿no? Hicimos algo más lineal y suprimimos mucho texto. Si bien los textos están cantados en un contexto más operístico, suprimimos bastante los parlamentos prolongados, el recitativo. Hay, porque son donde el personaje explica hablando, pero son menos.

-¿Al segundo volumen se lo podrá escuchar como disco aparte o será una suerte de ampliación de playlist del primero? Porque ya Oasis es una narración…

-Va a engordar todo el argumento musical, digamos, porque va a nutrir toda la cronología que ya tiene Oasis, con un comienzo y un final. Pero esto va a engordar y va a hacer que se entienda bien todo el cuento. Cuando uno vaya a ver el espectáculo, ya va a tener una idea del cuento habiendo escuchado la música, pero ahí va a terminar de develarse toda la trama. Es como una entrega paulatina.

-Pero mientras desarrollabas esta idea de la ópera hiciste tres discazos, tres obras que se sostienen por sí solas a la vez que evolucionabas de una a otra en cuanto a sonido.

-Sí, porque mi oficio es la música. Es el lenguaje que trabajo hace más tiempo. Me inspiro mucho en las disciplinas ajenas a la música, pero las personas en las que me inspiro se inspiran conmigo: es una suerte de ida y vuelta con esos personajes como Luis Ortega, Rodolfo Palacios, Enrique Symns, Francisco Garamona, Fernando Noy… Todos vamos nutriéndonos en función a este personaje simpático que es el linyera. Es una voz de varios de nosotros.

-Es un personaje como de otra era, ¿no? Ya no hay linyeras.

-Sí, encierra varias ideas: la del vagabundo, la idea chaplinesca, el cine mudo de Buster Keaton… Y tiene mucha musicalidad y mucha gestualidad, sobre todo. Eso lo desarrollé un poco durante los últimos veinte años en mis giras en Europa, tocando para público local que no entendía mis textos lunfardos. Por eso desarrollé un poco la gestualidad y el personaje empezó a nacer ahí.

-El personaje es un linyera que no tiene norte ni guía, como dice la canción, pero vos estabas en una búsqueda musical conectada con tus orígenes.

-Digamos que eso es una excusa, porque hay toda una investigación y un trabajo arriesgado, porque yo planteo una hibridación entre el tango y la rebética. Me juego en esa carta encontrando puentes no sólo musicales sino dialécticos. El lenguaje delque canta en la rebética -que es la música griega de bajo fondo- hace inversión silábica como en el lunfardo, por ejemplo. Y los ambientes también son similares a los del tango. Porque el lunfardo no son sólo las voces y la inversión silábica, son los ambientes donde se cuentan las historias: las prisiones, el bulín, la calle, el prostíbulo, los conventillos. Hay una similitud muy importante. Por eso decimos que las cinco músicas de resistencia son la rebética, el tango, el blues, el fado y el flamenco. Son ghettos que se mantienen como resistencia. Yo encontré este paralelismo interesante, un poco también porque despliego una relación familiar que tengo: mi bisabuelo y mi abuelo son griegos. Mi abuelo nació en Trieste, pero su padre -de nombre Leónidas, igual que mi padre-, había nacido en Atenas. Entonces, mi historia se cruza un poco con estos aires mediterráneos, por eso intento encontrar el puente entre estas dos historias, la de Buenos Aires y la de Atenas.

-El disco Oasis termina con la frase «vine a recuperar mis fantasmas y mi voz». ¿No es también tu historia? Porque estás tras tu herencia musical y encontrás una voz propia.

-Sí, sí, indefectiblemente tiene una autorreferencia. Intento disimular lo autorreferencial porque me parece un poco redundante (se ríe). Hablando con Vivi Tellas, muchas veces decimos que lo que sacamos a relucir en el presente, si tiene una connotación con nuestro pasado, hace mucho más fuerte la voz del intérprete en ese momento. Por eso es importante que haya algo de realidad, de vivencias, que sea vívido. Eso le da una fuerza extra a la interpretación.

-Tu hijo Félix canta en la canción «Oasis»: fuiste a buscar las raíces y llegaste hasta las hojas.

Sí, sí. Aparte, es muy curioso porque es mi hijo con Celeste Torres, que es quien da forma literaria y musical a Oasis, es parte de estos poetas que conforman este colectivo que mencionaba antes. Celeste es un componente muy importante dentro de toda mi obra, igual que todos los grandes poetas que me acompañan acá.

-La canción es como una cajita musical.

-Es que es la canción familiar. Se trata de eso, un poco juntar los pedazos que fuimos rompiendo sin darnos cuenta. Cuando te das cuenta, sería doble error no repararlo. Encima, con lo lindas que quedan las cicatrices… Hay un arte japonés que se trata de eso.

-El kintsugi, donde reparan jarrones rotos uniendo las grietas con oro.

-Eso revitaliza la cicatriz, la pone adelante. La cicatriz es nuestra marca, nuestra condecoración.

-Con respecto a tu búsqueda del tango rebético, ¿creés que ya lo lograste o falta más desarrollo?

-Está en ablande, digamos. Es una premisa que yo lanzo, una hipótesis que intento comprobar llevándolo a la práctica, porque el artista es el que lo hace, no el que lo explica. Intento que así sea, porque además es muy simpático que se vaya dando todo con estos puentes que tal vez se me ocurrieron a mí pero que están, que pasan por las colectividades, con la nostalgia… La nostalgia es por lo que dejamos atrás. Nuestros abuelos ya venían con nostalgia porque dejaban algo atrás. Entonces, se trata de trabajar eso, ese material.

-Vos mencionaste que el germen de todo esto estaba en el tango «Esta es mi presentación», que estaba en La máquina del tiempo, el segundo disco de Los Twist.

-Sí, es una letra de un tío mío que era vocal de la academia del lunfardo a la que yo le hice la música y lo cantamos con Pipo. Está arreglado y tocado por músicos de tango. Esa es como la primera perlita de 1985, que abre un poco toda esta saga de investigación que después… Si lo tenía al lado mío todo ese tango: yo soy de Parque Patricios… Me costó dar la vuelta a medio planeta para darme cuenta (risas). Si lo más fuerte es pintar tu aldea…

El martes pasado

Personalidad destacada

Si hay un título que le viene como anillo al dedo a Melingo es el de «Personalidad destacada de la cultura», que es precisamente el que recibió el martes pasado en la Legislatura porteña. La conducción de la ceremonia en el Salón Dorado estuvo a cargo del inefable Pipo Cipolatti, compañero del cantante y músico en Los Twist, y también estuvo presente Andrés Calamaro (con quien compartió formación de Los Abuelos de la Nada). «Salute, Daniel. Linyera destacado de Buenos Aires», cerró el Salmón su breve discurso, en el que destacó que su amigo está en la «vanguardia sonora». Después de canciones a cargo de Pablo Dacal, Pablo Grinjot, Gigio González y Maxi Prieto, el propio Melingo subió a escena acompañado de Gustavo Paglia, Carlos Girado, Pato Cotella, Nacho Cabello y Juan Ravioli, para interpretar algunos de sus «tangos bajos». Su hijo Félix lo acompañó en «Chala Man», clásico de los Abuelos, y en el final Fabiana Cantilo (también ex Los Twist) se sumó a cantar «Ayer».

Willy Crook

Una ausencia que crece

«Es muy fuerte la ausencia que estamos sufriendo y cada vez se va acrecentando más», dice Melingo cuando evoca a su gran amigo Willy Crook, que falleció el 27 de junio de este año. «Cuando aparecen las muertes, son sorpresivas, y uno en el luto va dándose cuenta de la pérdida. Entonces, cada vez se va profundizando más no estar con mi amigo, con mi hermano menor. Recorrimos muchos caminos, es uno de los linyeras máximos. Si recorrimos caminos importantes, fue con Willy. Entonces, se siente mucho su falta». Puesto a recordar el primer encuentro con su compañero de aventuras, Melingo no puede evitar sonreír. «Fue en un pueblito costero del sur de España. Tocábamos con Los Toreros Muertos y me lo encontré tocando el saxo en la calle. Yo no lo conocía, pero nos saludamos y lo invité a que tocara algo con nosotros. Ahí ya nos hicimos inseparables. Se hizo parte de las huestes de los Lions In Love: fue a Madrid, donde parábamos todos. Los Lions In Love fueron un ghetto muy importante para Madrid y Willy era uno de los caciques. Ahí le pusimos ‘el Torito'».

Fuente:Página12

Comentarios (30)

Comenta aquí