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Universidades: lo virtual, lo presencial y la bimodalidad después de la pandemia

Luego del giro inesperado que le imprimió la pandemia, ¿hacia dónde se dirige la enseñanza universitaria? Hay un punto en común en los testimonios de docentes, estudiantes y autoridades que reunió Página/12 en torno a aquel interrogante: la percepción es que la virtualidad llegó para quedarse. Pero no para imponerse –pues la presencialidad es «irremplazable»–, sino para integrarse al proceso de aprendizaje y favorecerlo. De cara a 2022, la educación universitaria se encamina, entonces, hacia un formato bimodal. El modo en que esto pueda plasmarse no es homogéneo; dependerá de las características de cada institución. Una necesidad imperiosa asoma. La preocupación también es compartida por las fuentes: la conectividad para todos y todas las estudiantes es una deuda a la que debe dar respuesta el Estado.

¿Hacia dónde va la enseñanza universitaria?

«Las plataformas son una herramienta tecnológica más, como en su momento lo fue la imprenta y se pasó de una educación oral a una en la que se podía acudir a libros. Tienen que estar puestas al servicio de la educación«, define el secretario general de la Federación de Docentes de las Universidades (FEDUN), Daniel Ricci, con un criterio compartido por el resto de les entrevistades. En rigor, como dice Rodolfo Tecchi, presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) –que reúne a los rectores de las universidades nacionales– «en la educación superior la pandemia aceleró procesos que se venían dando ya desde hace tiempo».

En este momento, cada universidad «está pensando el sistema de vuelta a la presencialidad incorporando herramientas de lo virtual», afirma Ricci. «Hay cosas que se pueden hacer mejor utilizando las herramientas tecnológicas. Se pueden subir videos, hacer cuestionarios, tutorías, clases magistrales. Por ejemplo: una clase teórica para 500 alumnos es más fácil hacerla en una plataforma«, grafica. Gloria Quevedo, profesora de Biología en la Universidad Nacional de Catamarca, comenta que esa es una de las cosas que los estudiantes vienen pidiendo: que las clases teóricas sean virtuales.

Estos cambios derivarán en que, seguramente, los estudiantes asistan menos días por semana a las instituciones. «Todos coincidimos en que es necesario que los que ingresan se familiaricen con los espacios físicos, los laboratorios, los talleres… vamos a poner un énfasis especial en ellos. Los alumnos de tercero, cuarto, quinto año seguramente podrán asistir muchas menos veces por semana, que es lo que ellos mismos piden», agrega Tecchi.

Foto: Kala Moreno Parra.

«La pandemia aceleró un proceso que a lo mejor hubiera tardado cinco o 10 años«, sugiere el rector de la Universidad Nacional de Jujuy. Aporta un ejemplo: el uso de aulas virtuales entre marzo y junio del año pasado aumentó un 100 por ciento en  Humanidades y Ciencias Económicas, pero no se incrementó «prácticamente nada» en las áreas de Ingeniería, «más emparentadas con las tecnologías». Para él, se abre un «escenario nuevo» en el que siquiera es correcto oponer virtualidad a presencialidad. «La virtualidad demostró que es muy útil para una cantidad de actividades. Hay presencialidad en los espacios físicos, pero también la hay mediada por tecnologías. Y hay asincronicidad, actividades a distancia que no son en tiempo real», analiza.

Lucille «Lula» Levy estudia para ser contadora pública y es secretaria de acción política y gremial de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Dice: «Buscamos una presencialidad donde los estudiantes volvamos a las aulas, porque creemos que el cara a cara es irremplazable, pero a su vez aprendimos y mejoramos para lograr una cursada enriquecida y aggiornada con nuevas herramientas que continúe por el camino de la calidad académica».

Aulas bimodales

Una novedad es que van ganando terreno las aulas bimodales. Tecchi destaca que el Ministerio de Educación, a través de la Secretaría de Políticas Universitarias, financió en 2020 y 2021 el fortalecimiento de la virtualidad en las casas de estudios. Parte de ese financiamiento se destinó a la construcción de estos entornos. «En la Universidad de Jujuy ya inauguramos la primera. Es un aula piloto, destinada al perfeccionamiento y la actualización de egresados y egresadas. Fue muy interesante ver cómo compartían la presencialidad una cantidad de personas que estaban dentro del aula con otra cantidad que desde los más remotos lugares de la provincia se estaban conectando y estaban en las pantallas que se proyectan en las distintas paredes del aula», cuenta. «Obviamente las aulas híbridas van a ir creciendo, generando una nueva forma de trabajar, y eso tendrá desafíos pedagógicos que habrá que afrontar«, vaticina.

«Las aulas híbridas se van a terminar imponiendo», coincide Gloria. Para ella, la virtualidad no puede compararse con «la empatía» y con el «caminar el aula» que la presencialidad habilitan. «Pero de todas maneras (los docentes) hemos ido mezclando poco a poco en ella lo que hacíamos en la presencialidad. Hay cosas nuevas favorables, positivas, que uno ha ido descubriendo. Los alumnos que están más en contacto con medios y redes se han adaptado muy naturalmente a esta forma de enseñar», señala.

El dilema de la conectividad

La profesora cuenta que los estudiantes de la universidad respondieron a una encuesta. Reveló que su principal preocupación es la falta de conectividad, especialmente en los departamentos del interior de la provincia. «Como beneficio resaltaron que, al no tener que trasladarse, ahorraban muchísimo», detalla. Muchos no contaban con computadora y algunos no tenían celulares con cámara. En todo este proceso de cambio, el punto que más preocupa a la comunidad educativa es la conectividad. Es algo que resaltan todas las fuentes consultadas.

Oscar Bogarin González es presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Tiene 26 años y le quedan algunos finales para recibirse de periodista. Expresa: «En la pandemia quedó en evidencia la desigualdad, ya que muchos estudiantes manifestaban que era insostenible tener que pagar cifras altísimas de Internet todos los meses, entonces sólo podían cursar los que tenían PC e Internet«. Notó que muchos compañeros postergaban sus estudios por este motivo. El centro de estudiantes se organizó en «brigadas» para poder ayudar a quienes tenían problemas para conectarse. La brecha se detecta, también, en los que fueron a inscribirse: algunos pudieron terminar la secundaria sin problemas. Otros no. «La liberación de datos por parte del Estado, poniendo a la conectividad como un servicio esencial para la educación, fue un gran paso, pero queda muchísimo reparamiento con lo que tiene que ver con esa área», sentencia.

«Muchos alumnos manifestaban a través de las redes la necesidad de seguir manteniendo la virtualidad. Pero la realidad es que eso ocasiona que solamente curse quien tenga la posibilidad de tener PC. En lo personal creo que la presencialidad tiene esa cercanía del docente con el estudiante que es vital para el aprendizaje, más en carreras de Ciencias Sociales», expresa Oscar. También dice que «la readaptación a la presencialidad está costando«, porque muchos estudiantes tienen «más de la mitad de la carrera aprobada y nunca pisaron la universidad». «La vuelta generará una sensación de miedo en los chicos que están en esa situación, pero creo que el encuentro con compañeros y amigos posibilita que la adaptación sea mucho más llevadera», desliza el joven.

Para Ricci no sólo «es indispensable aumentar los niveles de conectividad en aulas y hogares, sobre todo los más alejados de los centros urbanos», estableciéndola como «un derecho humano». También «hace falta comprar más herramientas tecnológicas para las universidades«. Otro punto clave es la capacitación docente. FEDUN se encuentra haciendo investigaciones con el fin de «analizar lo que pasó para armar estrategias adecuadas». La Asociación de Docentes de la UBA (Aduba) ofrece, en convenio con la UBA, una maestría que abarca las novedades de los tiempos que corren y una especialización en docencia virtual, «para que los profesores puedan manejar con mayor pericia las herramientas tecnológicas». «Creo también que esto exige modificar nuestro convenio colectivo de trabajo. Hay cosas que no están estipuladas», agrega.

Con todo, en este nuevo escenario, el Consejo Interuniversitario Nacional ha hecho en junio una serie de recomendaciones a través de un documento. Algunos ejes son la capacitación docente, el fortalecimiento de la conectividad, atender a la deserción que produjo la pandemia. No obstante, la perspectiva no es homogénea. «Hay que entender el funcionamiento de cada universidad y por supuesto la autonomía que corresponde dentro del marco del movimiento de cada cátedra y equipo docente, que conoce a sus alumnos, cantidad, de dónde provienen, cuáles son las problemáticas. Eso permitirá balancear las actividades presenciales con las virtuales», concluye Tecchi.

Formas de hacer comunidad

En el espacio virtual se genera «comunidad universitaria«, considera Tecchi. Para él, es la misma que puede emerger en aulas, bares, bibliotecas. Desde esta perspectiva observa también el panorama Corina Rogovsky, magister en Tecnología Educativa (UBA) y docente del Proyecto de Educación y Nuevas Tecnologías en Flacso. «Hay que mirar esto que experimentamos como una oportunidad para explorar. Había que continuar de alguna manera, que era a través del territorio tecnológico, experimentándolo como un espacio de encuentro. Las herramientas colaborativas permitieron explorar otro tipo de procesos cognitivos, con trabajo en colaboración, la construcción a partir del diálogo y el intercambio de opiniones«, analiza la especialista. «Se puede promover un aprendizaje que vaya más allá de lo contemplativo, de la clase expositiva, muy característica de la educación superior. Hay una invitación para explorar nuevas modalidades», suma. «Trabajar en grupo en la virtualidad les hace bien a todos. Se sienten parte del aula», coincide Gloria, en relación a lo que reflejaron las encuestas que respondieron los estudiantes de la Universidad de Catamarca.

Fuente:Página12

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