Política

La increíble historia del espionaje en la cárcel de Ezeiza

La historia de la colocación de cámaras y micrófonos en el penal de Ezeiza es siniestra pero también dramática. La agresión de Juan Pablo Pata Medina al empresario Fabián De Sousa fue provocada por la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), que mandó un agente a hablar con la esposa del dirigente gremial, Fabiola García. El individuo le dijo a la mujer que era hombre de confianza de De Sousa, que ya la venían siguiendo y que por 400.000 dólares podían sacar a su marido de la cárcel. La esposa de Medina se lo contó al gremialista a través del teléfono público del penal y este, ni bien cortó, agredió a De Sousa. Cuatro días después, todos los detenidos en ese pabellón fueron sacados de sus celdas y alojados durante seis horas en el gimnasio. El argumento fue: “mantenimiento del pabellón”. En esas seis horas, supuestamente técnicos de la Policía de la Ciudad, trasladados en comisión a la AFI, instalaron cámaras y micrófonos clandestinos, en base a una orden judicial emitida por la agresión de Medina. Las cámaras y micrófonos se pusieron en la intersección de celdas, a través de un caño en el que circulaban cables y caños, y únicamente donde estaban los detenidos políticos. La AFI no cableó las únicas dos celdas donde había narcos, por ejemplo, en la que estaba alojado Alonso Rutilio Ramos Mariños, El Ruti, uno de los dos máximos distribuidores de cocaína de la zona sur de CABA.

Los técnicos

Página/12 reveló este domingo la trama con la que se pusieron las cámaras y micrófonos en el salón del Bapro donde se hizo la llamada reunión de la Gestapo. Dos técnicos de la AFI llegaron a la entidad bancaria un día antes del encuentro encabezado por el ministro de Trabajo de Vidal y tres altos jefes de la AFI, los recibió una señorita de Relaciones Institucionales del Bapro, los llevó hasta el séptimo piso sin registrarse y les dijo que tenían una hora y veinte para trabajar. Colocaron cuatro cámaras y varios micrófonos escondidos en un pequeño desnivel de yeso en el techo. Al día siguiente de la reunión en la que planearon tenderle una trampa a Medina, volvieron los técnicos, los esperaba la misma joven vestida de azafata, los hizo ingresar sin registrarse y les dio otra hora y veinte para que retiraran la estructura ilegal. Todo se hizo de manera clandestina, pero con autorización de los gobiernos nacional y bonaerense.

Como también adelantó este diario, el cableado en la cárcel no lo hicieron técnicos de la AFI sino, aparentemente, policías de la Ciudad, trasladados a la AFI en comisión. El sueldo se pagó con fondos reservados, como casi todo. Es decir, sin control alguno. El exjefe de Inteligencia del Servicio Penitenciario Federal, Cristian Suriano, reconoció el cableado ante los fiscales de Lomas de Zamora, Cecilia Incardona y Santiago Eyherabide.

La pelea

El espionaje en la cárcel empezó con los teléfonos públicos del penal de Ezeiza. Eso se hizo con la excusa de monitorear las andanzas del rey de la efedrina, Mario Segovia. Pero la realidad es que se usó la muy dudosa autorización del juez federal Federico Villena para espiar a los detenidos políticos, empezando por Amado Boudou, los empresarios De Sousa y Cristóbal López, el exsecretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi y, por supuesto al Pata Medina. El objetivo de ese espionaje era saber en qué estado de ánimo estaban, la relación con sus parejas, con sus socios, las estrategias que convenían con sus abogados. Un objetivo derivado del anterior era ver la posibilidad de que alguno se quebrara y aceptara ser «arrepentido».

De ese espionaje seguramente sacaron la conclusión de que la esposa de Medina era de máxima importancia para el dirigente gremial. Lo concreto es que agentes de la AFI fueron a ver a Fabiola García, entraron en su vivienda y le dijeron que venían de parte de De Sousa, obviamente una mentira. Los individuos conocían todo sobre la mujer y le pidieron 400.000 dólares para sacarlo de la cárcel. Cuando la esposa de Medina le contó al dirigente gremial, también al teléfono público, la visita de los agentes, Medina se lanzó de inmediato a agredir a De Sousa. Tal vez alguna mente de la AFI pensó que el gremialista podría matar al empresario. De todas maneras, fue Medina el que tuvo que ser llevado al hospital.

Juan Pablo

Las cámaras

La agresión de Medina se utilizó para dar origen a la causa 69/18 y, con esa escucha, se puso en marcha el cableado de las celdas. Al día siguiente de la pelea, ingresó al penal un Escuadrón de Elite, que dependía directamente del Ministerio de Seguridad de Patricia Bullrich. Los efectivos estuvieron más de tres horas inspeccionando, sin que se entendiera bien el objetivo.

Cuatro días más tarde, todos los detenidos del pabellón fueron informados que debían irse al gimnasio por varias horas -podían llevarse equipos de mate, comida- porque habría mantenimiento del pabellón. En el gimnasio permanecieron seis horas encerrados.

Al regreso, los detenidos verificaron qué es lo que habían hecho los que entraron en su ausencia. Lo que determinaron es que habían abierto unas tapas verdes que daban a un espacio por el que circulaban cables y caños. La maniobra era tan evidente, que como tuvieron que amolar las tapas originales, en su lugar aparecieron otras, casi negras. De esa manera, colocaron cámaras y micrófonos ocultos que cubrían dos celdas. La apertura y cierre de las tapas, es decir el cableado, se veía en las celdas 14 y 15 en que estaban De Sousa y Medina, pero también la que alojaba a Boudou, a José María Nuñez Carmona, Cristóbal López, Ricardo Jaime y José López. En la que no hubo cambios fue en la celda 6, donde estaba El Ruti, el narco. Tampoco en la que alojaba a Segovia, el otro narco. La maniobra original fue colocar a los narcos con los políticos para usarlos como excusa del espionaje y eso se evidenciaba otra vez con el cableado.

Las jugadas

La reunión de la Gestapo, el cableado de cárceles, la mesa judicial bonaerense revelada por el subcomisario Hernán Casassa, el espionaje del grupo de policías autodenominado Mario Bros, demuestran que la política surgía de la Casa Rosada y consistía en espiar, producir escándalo tras escándalo en base al aparato judicial alineado con el macrismo y con el acompañamiento de los medios adictos. Todo para perseguir opositores, con el fin de imponer sus medidas económicas y, además, quedarse con empresas. 

Fuente:Página12

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