Medio Ambiente

Llamemos a los pequeños reactores nucleares por lo que son II

La fiebre canadiense por los pequeños reactores nucleares ha conducido a verdaderas profesiones de fe en la clase política, dispuesta a calificar como éxitos a proyectos que solo existen sobre el papel. A sus tremendos inconvenientes, que incluyen costes y riesgos, se añade la propia experiencia del país con los pequeños reactores nucleares, un fracaso sin paliativos.

Por: GORDON EDWARDS PIERRE JASMIN MICHEL DUGUAY
Coalición Canadiense por la Responsabilidad Nuclear. Universidad Laval. Movimiento de Quebec por la Paz

Los largos periodos de construcción de centrales nucleares empeoran la emergencia climática
A mucha gente preocupada por el cambio climático le surgen dudas sobre la moralidad de utilizar fuentes de energía bajas en emisiones, como por ejemplo si no tenemos la responsabilidad de recurrir a la nuclear. La respuesta corta es que la nuclear es demasiado lenta y cara. El ránking de opciones debe basarse en cuáles son las energías más baratas y rápidas, comenzando con la eficiencia energética, y después renovables como la solar y la eólica.
Por ejemplo, Alemania instaló más de 30.000 megavatios de capacidad eólica en solo 8 años, tras decidir cerrar todos sus reactores nucleares en 2022. Se trata de todo un logro, y más del doble de la capacidad total nuclear instalada en Canadá. Es imposible construir 30.000 megavatios de nuclear en solo 8 años.
Al construir aerogeneradores, Alemania ahorró en emisiones en su primer año de construcción, para el segundo llegaron los beneficios, incluso más en el tercero, y así hasta alcanzar la capacidad de 30.000 megavatios en 8 años. Con la nuclear, aunque se alcanzasen los mismos megavatios en el mismo tiempo, no se obtendría ningún beneficio dados los largos periodos de construcción.
De hecho, se estaría empeorando el problema con la minería de uranio, la fabricación de combustible, el uso de cemento, la construcción del núcleo del reactor y otros componentes. Todo esto emitiría gases de efecto invernadero, generando cero beneficios hasta (y habría que vérselas para llegar allí) que todo estuviera listo para empezar a operar. Mientras tanto, entre 10 y 20 años, se prevendría la financiación de alternativas renovables y mayor eficiencia, unas tecnologías que pueden hacer una diferencia sustancial e inmediata.
En Saskatchewan, el profesor Jim Harding, quien dirigiera el Prairie Justice Research de la Universidad de Regina, y donde también lideró el Proyecto de Investigación del Uranio, tiene sus propias reflexiones al respecto. Aquí están sus conclusiones del 2 de diciembre de 2019:
“En pocas palabras, los reactores pequeños son solo una distracción para evitar pensar que Saskatchewan tiene los niveles más altos de emisiones del mundo, con 70 toneladas métricas per cápita. Mientras que el resto de Canadá ha reducido sus emisiones, aquí, junto con Albera y sus arenas bituminosas, han seguido aumentando. Solo las emisiones de Saskatchewan y de Alberta son casi iguales a las de todo el resto del país. ¡Qué vergüenza!”
En los EEUU, varios ingenieros e incluso CEOs de compañías nucleares líderes reconocen que la era nuclear está prácticamente acabada en Norteamérica. Esta información no viene de personas críticas con esta energía, sino todo lo contrario. Aquí tienen, por ejemplo, un informe (en inglés) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Carnegie-Mellon.
La cartera de pedidos de los reactores pequeños está vacía: no tienen clientes
El informe de la Carnegie-Mellon incluye los pequeños reactores nucleares en su análisis y muestra muy pocas posibilidades de un renacer nuclear basado en ellos. ¿El motivo? Porque la generación de estos, como la prometida en Nuevo Brunswick, será inevitablemente muy cara por unidad de energía producida si se construyen individualmente. Estos precios elevados se podrían reducir con la producción masiva de componentes prefabricados: de ahí la necesidad de vender cientos y miles de estas unidades para ganar algo. Y sin embargo, la cartera de pedidos sigue vacía. Sin clientes. Y encontrar inversores no es nada sencillo. Es por ello que varios empresarios están presionando a los gobiernos para destinar financiación pública en este segundo intento del Renacer Nuclear, para evitar que suceda como con el primero. Más de 150 diseños y nada se ha construido, probado, licenciado o implementado.
Las probabilidades de que les salgan las cosas bien siguen siendo bien escasas. En el río Chalk, Ontario, hay un consorcio de multinacionales formado por SNC-Lavalin y otras dos empresas. Es conocido como los Laboratorios Nucleares Canadienses, donde esperan albergar seis o siete reactores nucleares de distintos diseños, todos distintos a los dos prometidos para Nuevo Brunswick. Una competición de todos contra todos. La descripción del proyecto del primer prototipo de estos laboratorios ha recibido 40 respuestas en su práctica totalidad negativas.
Las posibilidades de que cualquier de estos diseños pueda prevalecer en el mercado energético y ser financieramente viable a la larga son bastante, bastante limitadas. Este segundo intento de un renacer trae consigo las semillas de su propia destrucción. Por desgracia, los gobiernos no cuentan con medios para realizar sus propias investigaciones independientes acerca de la validez de estas afirmaciones tóxicas del lobby nuclear, que siempre esconde los persistentes problemas de los residuos, la decomisión y el tratamiento de estructuras radioactivas. Estos residuos suponen una seria amenaza para la salud medioambiental y humana durante muchas generaciones.
Finalmente, en la lista de proyectos investigados, aparece una versión rebajada de un reactor de neutrones rápidos con plutonio y refrigerado con metal de sodio líquido, un material que reacciona violentamente o incluso explota en contacto con el agua o el aire. El reactor de neutrones rápidos es un viejo proyecto abandonado por Jimmy Carter que quedó desacreditado con el fracaso del francés SuperPhénix dada su naturaleza tan peligrosa. Se juzgó que, en caso de accidente, el reactor de neutrones rápidos de Clinch River, en Tennessee, podría envenenar doce estados de los EEUU, y el SuperPhénix, la mitad de Francia.
No nos podemos sacudir la sospecha de que estos jefes de gobierno provincial canadienses solo buscan financiación federal para el rescate de estos diseños desechados, en lugar de emplear estrategias sensatas conra la crisis climáticas. Estrategias baratas, rápidas y seguras, basadas en la eficiencia energética y las renovables.

Fuente:Blog del Proyecto Lemu

Comenta aquí