Mundo

Boris Johnson, agitado, enredado y contradictorio

Desde Londres

Los británicos, maestros del suspenso, no dan a conocer aún el informe Gray sobre el Partygate de Boris Johnson durante la pandemia. En titulares angustiados a lo largo del día la televisión, la radio y los portales se preguntan cómo puede ser, qué está pasando, si ayer nomás todos habían dado por hecho que hoy se conocería el veredicto de Sue Gray y la posible caída o salvación de Johnson. «Why has Sue Gray’s report not appeared yet?»(Por qué no aparece el informe), titula la BBC. » Why is Sue Gray report on No 10 parties taking so long? (Por qué la demora?), saca el “The Guardian”: why, why, why?

En realidad es como si cualquier cosa fuera posible en una sociedad criada con la realidad del asesino serial «Jack The Ripper» y su reverso en ficción, el «The strange case of Doctor Jekill and Mister Hyde» de Robert Louis Stevenson. El «Super British»Alfred Hitchcock dio la perfecta definición del suspenso, un género de la ficción que expande sus reglas con facilidad a la política o la vida. “Un hombre está sentado mirando a la cámara. Debajo de su silla hay una bomba que va a estallar en un minuto. El hombre no sabe que la bomba está allí. El público sí lo sabe”.

La bomba del PartyGate iba a estallar hoy, pero inexplicablemente no estalló, así que todo sigue en vilo, todos con el corazón en la boca. Agitado, nervioso, enredado y contradictorio el gobierno no acierta a calmar las aguas diciendo cuándo, cuándo, cuándo. En medio delvacío, la oposición pide que se dé a conocer cuanto antes y los off the record aseguran que será mañana o el fin de semana o que, “hey, nice chap”, “esto del lunes no pasa”.

 

Hitchcock a la Peter Sellers

 

Boris Johnson lo hizo, lo consiguió. Y es que el Partygate tiene ribetes cómicos dignos de “La fiesta inolvidable” que los británicos procuran digerir con su célebre, ácido, escéptico sentido del humor aunque lloren en privado y griten de rabia en público ya que, «sorry Prime minister but», todo el «Partygate» sucedió en plena Pandemia.

La explicación más absurda de las alrededor de ciento y tantas fiestas (entre confirmadas, calculadas, nuevas y por venir) fue una respuesta que dio Boris Johnson a mediados de enero ante el Parlamento. “Le pido disculpas a la Cámara y a la población. Lo que pasó es que pensé que era una reunión de trabajo y no una fiesta”, dijo.

Imposible no pensar en Peter Sellers o cualquiera de los brillantes cómicos de este país porque en esa «reunión de trabajo» había más de 40 personas munidas de Gin and Tonic, vino, comida y carcajadas. Para el resto de los británicos, estaba estrictamente prohibido en aquel primer confinamiento de marzo, abril y mayo de 2020 toda reunión social hasta con el vecino.

Ahora solo falta que el informe de Sue Gray, que en diciembre empezó investigando una fiesta y ya llegó a 16, salga a la luz, da casi igual que demore uno o tres días. Como reza la famosa canción de Mick Jagger y Keith Richards «Time waits for no one»: no va a esperar por el primer ministro. No parece haber mucho futuro politico para Johnson. ¿Usted qué opina?

Fuente:Página12

Comentarios (26)

Comenta aquí