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Álvaro García Linera: «En América latina hay un progresismo a dos velocidades»

Álvaro García Linera, exvicepresidente de Bolivia e intelectual insoslayable, dijo que se le encogía un poco el corazón al rememorar las horas aciagas del golpe de Estado de 2019. Pero, al mismo tiempo, destacó el «momento heroico» de un pueblo que resistió, se sobrepuso, y apostó por la recuperación democrática con un nuevo triunfo del Movimiento al Socialismo (MAS), en 2020. «Luis Arce tiene el liderazgo político, el liderazgo social sigue siendo de Evo», afirmó García Linera sobre la convivencia de fuerzas dentro del MAS, en diálogo con el programa Una vuelta al mundo de AM 750. Y abordó diferentes temas, como los juicios contra los responsables del Golpe, el envío de armas del entonces gobierno de Mauricio Macri, la segunda oleada progresista y la perspectiva de Estados Unidos sobre América Latina en este momento.

–Evo Morales es el líder del Movimiento del Socialismo (MAS), expresidente, y Luis «Lucho» Arce gobierna en Bolivia. ¿Cómo está el proceso de cambio y cómo es la relación entre ambos y con los movimientos sociales?

–Son dos momentos distintos que dan a luz a dos liderazgos distintos. Evo viene de abajo, del mundo indígena, campesino, en momentos de grandes insurrecciones, casi de una dualidad de poderes en el sentido clásico de la teoría política en mi país, en el año 2000, 2003, 2005 y, por lo tanto, es un líder carismático con una impronta social inigualable y seguramente inigualable en las siguientes dos décadas. Y Luis es de una segunda generación de luchadores sociales, de la militancia socialista, que corresponde a este nuevo momento donde no existen las grandes insurrecciones, sino las resistencias y voluntad de recuperar la estabilidad y la reconstrucción democrática.

Nuestro proceso político tiene una característica muy particular que es este poder de las organizaciones sociales, indígenas, campesinas y barriales. Es un poder que la gente se lo conquistó en base a insurrecciones. Luis ha llegado a ser presidente por la voluntad política y por el protagonismo político de las organizaciones sociales. Entonces, este proceso de cambio ha de existir en tanto haya fuerza política de los movimientos sociales. Va a ser débil cuando esos movimientos sociales se fragmenten o implosionen. Ahorita, sobre esta base de movimientos sociales con poder político decisional, tienes tú a un líder social y político, Evo Morales, carismático, y tienes a un líder político y gubernamental, Arce, y en este triángulo tiene que haber un conjunto de articulaciones no siempre fáciles, porque antes liderazgo social iba junto al liderazgo político. Eso era Evo cuando era presidente. Ahora el liderazgo político es Luis Arce presidente y el liderazgo social sigue siendo Evo. Y la base de ambos la representan los movimientos sociales. Es un triángulo social político muy novedoso, que hay que saberlo regular a lo largo del tiempo. Creo que en los primeros meses hubo ciertas asperezas y falta de coordinación, pero al finalizar el año 2021 se fueron creando mecanismos de articulación que son clave de lo que hemos venido haciendo estos últimos 15 años en mi país.

— La expresidenta de facto, Jeanine Áñez, está presa y enfrenta dos causas judiciales. Se acaba de reunir con el relator de la ONU. ¿En qué situación están los juicios? 

–Una de las causas contra la golpista Áñez es a partir de los actos que realizó para usurpar el poder y la otra es fundamentalmente por las masacres de Sacaba y Senkata. En mi país hubo 37 muertos de bala, jóvenes, la mayoría humildes, 500 heridos. Entonces el primer juicio va dirigido a investigar y sancionar a los responsables de esas dos masacres calificadas así por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Pero este tiene un problema: para que se ejecute el juicio se requiere la aprobación de dos tercios del Congreso. Un poco más de un tercio lo tienen los partidos golpistas y ellos antes pueden perder la vida que aceptar el juicio de responsabilidad, porque ahí entrarían todos los responsables, no solamente los que dispararon las armas y los que dieron las órdenes, sino también los responsables políticos.

Paralelamente está el juicio “Golpe de Estado 2” en el que se juzga a Áñez como una militante de un partido minoritario que se autoproclamó con cuatro amigos como presidenta del Senado y luego presidenta del país, rodeada de dos anillos de policías armados y de militares arrodillados alrededor de la plaza sin que pueda entrar ningún diputado de la mayoría, que somos nosotros. Es ese hecho que se está juzgando, y para eso se requiere simplemente un tribunal de justicia ordinaria, que es el que está funcionando. Suponemos que en marzo o abril habrá sentencia por este caso.

Lo central, sin embargo, las masacres, que es lo más fuerte, lo más hiriente para un país, va a requerir ir a la votación de los dos tercios, que seguramente no va a prosperar. Entonces, agotada esa instancia, yo supongo que legalmente corresponde ir a una instancia internacional ante la negativa de las fuerzas golpistas.

–Se reveló que el gobierno del expresidente Mauricio Macri envió armamento a Bolivia para apoyar a los golpistas, ¿qué piensa sobre ese hecho?

— Estoy muy entristecido por este nefasto y vergonzoso episodio en el que lamentablemente estuvo involucrado del gobierno de Argentina. El expresidente de nuestra hermana República, de mis hermanos de Argentina, tomó la decisión primero de impedir que el avión que Evo necesitaba para salir a México pasara por territorio argentino,. Nos tuvo que dar autorización el gobierno del señor Abdo en Paraguay, otro conservador, pero que tuvo una actitud pulcra en términos de decisión política y democrática (N.de la R: Mario Abdo Benítez).

El señor Macri no solamente nos impidió que pasáramos por territorio argentino, sino que estaba ya instruyendo mandar fuerzas policiales y militares argentinas sin autorización congresal. Eso es un delito, en Bolivia no puede entrar tropa armada a Bolivia sin autorización del Congreso. Y el señor Macri tramitó sin autorización del Congreso de Bolivia y con el apoyo de los militares y los policías golpistas, el ingreso de tropas supuestamente para proteger su embajada cuando no había ningún riesgo con la embajada porque había que proteger a los tribunales electorales que estaban siendo quemados por la gente de Carlos Mesa. El Congreso no autorizó esa entrada de personal armado a Bolivia y encima mandaron cargamentos, cargamentos de munición letal, no mandaron medicinas o alimentos, que es lo que sucede en estos casos.

Uno pensaba que esas cosas no iban a repetirse en el continente y se repitieron, esperemos que haya sanción aquí en Bolivia y Argentina. Lo contrapunteo con la actitud es un presidente demócrata que en el mismo avión Hércules que llegaron los gases lacrimógenos y los balines y la carga de muerte que llegó a Bolivia en el 2019, mandó carga de vida con vacunas, mandó vacunas, es decir salvar la vida. Esa es la actitud de un gobierno demócrata, de un gobierno comprometido hasta el tuétano con los derechos civiles de las personas.

— Usted ha señalado que América latina está atravesando una “segunda oleada progresista”. Y que Chile va por la primera oleada….

–Estamos viviendo en el continente una segunda oleada de gobiernos progresistas:  México y Perú por primera vez, Argentina, Bolivia y Honduras, por segunda vez. Y esperemos que Colombia por primera vez y Brasil por segunda. En el caso de Chile, la victoria de Gabriel Boric viene sobre hombros de rebelión, y eso marca una distancia, una diferencia, porque una rebelión social abre los marcos de entendimiento a las personas, las posibilidades, la capacidad de arriesgarse. Entonces las posibilidades de acción, de horizonte, de decisiones gubernamentales es más amplia, es más potente que en aquellos lugares donde se recupera la democracia y el progresismo, pero solamente de manera electoral y no callejera.

Aquí va a haber una velocidad, va a haber un progresismo de dos velocidades, aquellos que llegan al gobierno meramente por la victoria electoral, más moderado, porque el tiempo también es moderado, y aquellos que vienen cabalgando en la rebelión social, cuya posibilidad de decisiones puede ser más radical o más transformadora. Me atrevo a decir que lo mismo podría pasar en Colombia si hay una victoria de Petro en el mes de mayo. Él viene cabalgando una gran rebelión todo el año 2021 que le abre horizontes de decisión mucho más, más potentes, más radicales que a los que están en la segunda oleada progresista continental. Es muy difícil que esta segunda oleada tenga la duración de la primera, que duró casi 14 años. Es más probable que estemos entre progresismo, conservadurismo, progresismo, conservadurismo por un tiempo. Son las características de este tiempo que he denominado liminal, marcado por mucha incertidumbre.

-¿Cuál es la importancia que le asigna Estados Unidos a América Latina en este momento histórico?

–No somos la prioridad de Estados Unidos, nunca lo fuimos, pero estamos en su foco de atención. Un imperio mira el mundo, no es ciego, distribuye jerarquías. Evidentemente el principal problema de Estados Unidos es China. En Ucrania está la idea de expandir la OTAN y sus misiles atómicos a las puertas de Moscú, pero su problema es China, y lo ha dicho Biden, y de la Unión Europea. China es el contendiente estratégico de ambos, eso es un reto frente al ocaso del viejo imperialismo europeo que no tiene dientes y el ocaso del imperialismo norteamericano que todavía tiene fuerza militar y que tiene una potencia más poderosa del mundo, pero económicamente está en declive. Desde la señora Clinton en el año 2014 hablaron del pivote asiático, de la importancia de tener presente a Asia para impedir este expansionismo inevitable de otra potencia como es China. Entonces ahí están sus principales fuerzas, sus principales preocupacione y decisiones.

Sin embargo, el continente forma parte de esta batalla, porque lo que está haciendo China es irradiar su presencia económica a donde pueda, la ruta de la Seda desde China hasta Italia y su presencia en África y en América Latina, porque China se ha convertido en un prestamista de emergencia sin condición y todos los países necesitamos dinero. Y China, que presta dinero para sus obras públicas no te coloca condiciones de que cambies ministros, votes en la OEA o en la ONU o a favor de él, simplemente te presta dinero porque necesita expandir su infraestructura productiva y política. Y eso les alarma a los norteamericanos. Por eso sus antenas si bien están concentradas fundamentalmente en China y el pivote asiático, están también expandiendo su preocupación al continente.  El golpe de Estado en Bolivia ha tenido la incidencia del Departamento de Estado norteamericano y del señor Claver-Carone, que ahora está dirigiendo el BID, y es el hombre que ha hecho un seguimiento personalizado de la aventura golpista en Bolivia. Eran tiempos de Trump, pero igual había un interés de buscar recuperar influencia, y ya que no puede tener influencia económica muy fuerte que no sea de manera indirecta a través del FMI, y no puede competir con los créditos de China, va a intentar presionar política y militarmente al continente.

Fuente:Página12

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