Cultura

La dictadura militar y la censura de la música popular argentina: del rock nacional al Nuevo Cancionero del foklore

Por Valentino Vitolla

Este 24 de marzo se cumplen 46 años del último golpe cívico militar en Argentina. Ese mismo día la Junta Militar —comandada por Jorge Rafael VidelaEmilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti— derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón. Se instauraba la dictadura más sangrienta de la historia argentina, caracterizada por la represión, el ataque contra los derechos humanos y la desaparición forzada de más de 30.000 personas.

En medio de este proyecto de clandestinidad, ilegalidad y violencia, la dictadura llevó a cabo uno de los ataques más siniestros a la cultura que nuestro país jamás haya vivido. Se censuraron libros, películas y revistas para borrar cualquier recuerdo de la cultura libre argentina, nacional y popular. Pero por sobre todo se prohibieron centenares de canciones con el objetivo de evitar, en palabras del dictador Videla, “cualquier lavado de cerebro, confusiones a nuestra juventud y desapegos a nuestros valores tradicionales”.

La música popular argentina previa a la dictadura

Haciendo historia, el folclore y el rock en Argentina venían de épocas gloriosas. Contagiaban en la sociedad ganas de escuchar, compartir y de hacer música y se trataba de un faro para aquellos que buscaban manifestarse. En los 60 y los comienzos de los 70 surgieron bandas y artistas, como Sui Generis o Pescado Rabioso, que sentaron bases para una verdadera revolución musical. No solo cambiaron el arte en la Argentina, sino también fueron referentes y modelos de cambio para las juventudes latinoamericanas. La forma de vestirse y peinarse y las expresiones con mensajes sociales, poéticos o políticos, se transformaron en un código común del rock argentino que influenció a las masas. El rock nacional fue pionero en cantar en castellano en todo Iberoamérica.

“No bastaba con secuestrar y desaparecer gente ni con eliminar la vida política argentina, la dictadura necesitaba un consenso en la sociedad”, relata a Página/12 Sergio Pujol, historiador, ensayista y escritor de libros como Cien años de música argentina y Rock y dictadura. Crónica de una generación. “En el caso de la música, se creía que el efecto sobre la subjetividad de los jóvenes argentinos era mayor porque la vivían intensamente y compartían la escucha en hogares y recitales”, agrega.

Como el rock en un principio no se presentaba como una forma de protesta contra el estado —continúa el historiador— para los militares fue más fácil ir en contra de artistas como Horacio Guarany Mercedes Sosa”.

Pujol así explica de manera clara la mirada de los militares sobre el folclore: “Según la Junta Militar, al escuchar estas canciones que formaban parte del Movimiento del Nuevo Cancionero del folclore los jóvenes se veían alentados por la desobediencia e incorporaban los valores de la revolución”.

Documentos secretos de la dictadura militar con la

7 canciones censuradas durante la Dictadura Militar

En un proceso militar caracterizado por políticas neoliberales, una deuda externa de 45 mil millones de dólares y la desaparición forzada de todo aquel que pensaba diferente, la represión fue utilizada como una política de estado que avanzó contra las libertades individuales. La música, y muchos de sus artistas, se transformaron en un blanco de persecución y censura.

Por esa razón, muchos artistas debieron ocultarse, exiliarse o auto-silenciarse. Otros se quedaron en el país para intentar evadir la persecución de sus letras mediante las metáforas y los recursos literarios. De esta manera, la denuncia y la libertad de opinión se escondieron (sobrevivieron verdaderamente) detrás de más cultura.

En un recordado discurso en la Universidad del Salvador, el almirante Massera sostuvo que “el alma del hombre se convirtió en un campo de batalla”. Ese discurso pone de manifiesto porque la dictadura persiguió a quienes alimentaban esas almas: los artistas.

Hubo que esperar hasta 2009 para que el Comité Federal de Radiodifusión (COMFER) publicara una lista con más de 200 canciones prohibidas por el gobierno de facto. Catalogada como “lista negra”, incluía a aquellas que para los militares eran “canciones cuyas letras no son aptas para ser difundidas por los servicios de radiodifusión”.

Cómo la Cigarra de Mercedes Sosa

“Tantas veces me borraron, tantas desaparecí. A mi propio entierro fui sola y llorando. Hice un nudo del pañuelo pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando…”.

Este clásico, originalmente compuesto por María Elena Walsh, iba a incluirse en el álbum Serenata para la Tierra de Uno. “La negra” grabó una versión en 1978 pero finalmente no salió en el disco por la fuerte censura que recibió durante el gobierno de facto.

La revancha fue en 1982, cuando Sosa incluyó esta canción en Mercedes Sosa en Argentina, transformándose en un himno del renacer democrático y de todos aquellos que estuvieron exiliados.

La Cultura es la sonrisa de León Gieco

En 1981 León Gieco publicó el álbum Pensar en Nada, que incluía esta canción de protesta al cierre de la Universidad de Luján. El artista ya había sufrido la censura en otras obras como Canción de amor para Francisca Tema de los mosquitos.

La cultura es la sonrisa que brilla en todos lados, en un libro, en un cine o en un teatro. Solo tengo que invitarla para que venga a cantar un rato. Ay, ay,ay que se va la vida más la cultura se queda aquí…

Ayer Nomás de Moris y Pipo Lernoud

“Ayer nomás, en el colegio me enseñaron, que este país es grande y tiene libertad”, remarca la canción originalmente escrita por Moris y Lernoud. Prohibida en la dictadura de 1966 y nuevamente en 1976, Litto Nebbia —líder de Los Gatos— realizó una nueva versión para evitar problemas con la censura. Fue incluida en el álbum Los Gatos de 1967, uno de los pilares del rock argentino.

Me gusta ese tajo de Pescado Rabioso

La letra de este hit del grupo liderado por Luis Alberto Spinetta contiene una clara connotación sexual y resultaba transgresora para los años 70: “me gusta ese tajo que ayer conocí, ella me calienta, la quiero invitar a dormir”, canta el Flaco en esta canción incluida en un disco simple de 1973.

Viernes 3 AM- Serú Girán

En 1978, luego de la separación de La Máquina de Hacer PájarosCharly García conformó Serú Girán junto a David LebónPedro Aznar y Oscar Moro. Apodados “los Beatles Criollos”, fueron uno de los grupos más reconocidos de la música argentina por su alta calidad musical y su poderosa puesta en escena.

Viernes 3 AM, incluida en el álbum La Grasa de las Capitales (1979), fue censurada por la dictadura militar por «incentivar al suicidio». “Y llevas el caño a tu sien, apretando bien las muelas”, dice un fragmento de este himno compuesto por Charly García.

El Twist de Mono Liso- María Elena Walsh

La reconocida cantautora y escritora ya había sufrido en primera persona la censura del libro Dailan Kifki, una historia publicada en 1962 que trata de un elefante que cambiaría la vida de toda una familia con su llegada.

El Twist de Mono Liso, canción infantil lanzada en 1962, fue considerada “impropia” para la dictadura militar, ya que habla de una naranja excéntrica que vive en libertad a pesar de los intentos de domesticación. (“La naranja se pasea de la sala al comedor, no me tires con cuchillo, tírame con tenedor”)

Guerrillera de Horacio Guarany

Guarany, considerado uno de los folcloristas argentinos más importantes de esa época, acostumbraba decir que pertenecía «al glorioso Partido Comunista». Esa declaración lo condenó como uno de los músicos incluidos en las listas negras de censura. Publicada en el álbum Luche Luche de 1977la canción La Guerrillera era un canto emotivo a la libertad y el valor, por lo que generó una gran molestia en los militares. (“La Libertad se hace novia de mi pañuelo, la Guerrillera tiene sangre en el alma!”)

Moris, Ariel Ramírez, Gustavo Santaolalla, Miguel Cantilo, Miguel Abuelo, Marilina Ross, Piero, Pappo, Víctor Heredia y Roque Narvaja son otros ejemplos de los cientos de artistas que sufrieron el embate de la maquinaria represiva del estado.

Mercedes Sosa y Charly García, músicos censurados

La música como arma de tortura

Al mismo tiempo que la Junta Militar censuraba parte de la cultura para “expurgar de contenidos políticos e inmorales a los repertorios de las canciones populares”— vuelve a enfatizar el historiador Sergio Pujol.  La melodías de muchos de esos artistas eran usadas para llevar a cabo un cruento proceso de tortura contra miles de personas detenidas clandestinamente.

Mientras Serú Girán debutaba con uno de sus primeros conciertos en el Estadio Obras en 1978, canciones de Mercedes Sosa o de los Rolling Stones —entre otras— sonaban en forma repetitiva y con excesivo volumen en las salas de tortura de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) para desgastar y tapar los gritos de las personas secuestradas ilegalmente.

En una entrevista con Página/12, Abel Gilbert —periodista, músico y autor de Satisfaction en la ESMA: música y sonido durante la Dictadura aseguraba que “lo que todavía resulta problemático es la falta de decisión para reconocer la contigüidad entre la cultura y la barbarie”. Gilbert es aún más explícito: había 5 cuadras entre el Servicio de Información del Ejército y el Teatro Colón y 6 entre la ESMA y Obras Sanitarias. El uso siniestro de lo sublime resulta de lo más perturbador”.

El lento regreso del rock nacional en la década de los 80´

La vuelta de Almendra a fines de 1979 y de Mercedes Sosa en 1982 permitieron el regreso paulatino de los recitales. Con ellos, muchos artistas que estaban exiliados, como Litto Nebbia, León Gieco o Miguel Abuelo comenzaron a reconstruir el tejido de la cultura del rock en Argentina. El silencio se fue abriendo en forma de prosa y melodía. La libertad mutó lentamente hacia la poesía y el ritmo.

En 1982, con un gobierno de facto aún vigente y con la Guerra de Malvinas, comenzó a regir la inédita prohibición de la música en inglés. Los militares creían que con esta decisión se iba a enaltecer el sentimiento patriótico y nacional, desconociendo el principio universal de que la cultura no tiene fronteras. Por eso, en las radios dejaron de sonar míticas bandas como Pink FloydThe Beatles o Queen y paradójicamente los artistas de rock nacional y folklore volvieron a ocupar un rol central.

Con el paso del tiempo y junto a la conquista de la democracia, las canciones prohibidas durante el gobierno de 1976 se fueron convirtiendo en himnos de nuestra cultura que ampliaron el horizonte de la música nacional. Hace apenas unos días, esas mismas letras que alguna vez fueron perseguidas, se hicieron un espacio entre las nuevas generaciones: Litto Nebbia se presentó en el masivo festival Lollapalooza 2022 e introdujo, nuevamente, a muchos “hijos de la democracia”, en las raíces de la cultura y de la música popular de nuestro país. Como si todo fuese ayer nomás, como si todos los días fueran el día de la memoria, ese clásico de Nebbia volvió a inspirar a toda una generación: “Ayer nomás, en el colegio me enseñaron, que este país, es grande y tiene libertad”.

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Fuente:Página12

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