Cultura

Entrevista a Trueno: «Hay que tener huevos para que tu voz sea tu arma»

«Un disco de música latinoamericana». Así de corto y certero es Trueno para definir a Bien o mal, su segundo álbum, en el que con los pies firmes en el hip hop se suelta hacia el reggaetón, la balada, un aire de bachata, rock, trap y hasta un coqueteo con el folklore. Una lista de los invitados puede dar idea cabal: están Nathy Peluso, Duki, el portorriqueño Randy y hasta Víctor Heredia. «No necesitamos hacer un solo género para representar a un movimiento. El movimiento hip hop es lo que somos por los códigos que tenemos y por lo que vivimos, y puedo hacer un reguetón y siempre voy a ser un rapero haciendo un reguetón», dice él, que se presenta como Mateo y se hunde en un sillón. Pero esa imagen no vale más que mil palabras, porque Trueno encadena estas como si se tratara de un freestyle sin rima, a gran velocidad, con las ideas claras apenas escucha las preguntas de Página/12. Y con la misma solvencia con las que en sus canciones menciona a Santiago Maldonado, Videla y Massera, o le dice «sé que mis Buenos Aire’ te transmiten Santa Fe» a su novia, la cantante Nicki Nicole.

Desde el arte de tapa (y la propia cabellera de Trueno), el disco anticipa una dualidad, plasmada en agrupar las canciones en un lado «mal» y un lado «bien». «Nos dimos cuenta de que las canciones tenían mensajes muy divididos», recuerda. «Ya habíamos hecho el tema ‘Bien o mal’ y me acuerdo de que en un camp que hicimos en Córdoba, donde salieron tres o cuatro canciones por la energía en la que estábamos, también salió el concepto. ‘En todas estas canciones, vos estás protestando; en estas estás celebrando, hablando del barrio, el amor, la familia, la nostalgia’. Y salió el ‘Manifiesto freestyle’ que es como el medio de eso: desde la protesta hasta la celebración. Y el medio para hacer ese tránsito es protestar, movilizarnos, luchar, lograrlo y celebrar».

Como con la separación de las canciones en dos lados, Trueno descubrió en el proceso que los temas no se limitaban al hip hop. «La gente sabe que no necesito hacer todos ‘Dance Crip’ para ser rapero», afirma. «Y esto nace también de las necesidades que tengo, inquietudes y preguntas. ‘Uh, me encantaría hacer un tema en honor al hip hop de los ’70, como lo hacían DJ Kool Herc o Grandmaster Flash. Ese hip hop que viene de la música disco, de las fiestas de los ghettos’. E hice eso en versión nuestra… Nace ahí, de las ganas. ‘Uh, qué ganas de hacer un reguetón y de hacerlo con la persona a la que escuché toda mi vida, con Randy‘. Fue un sueño grabar con Randy. Es que para mí el reguetón y el hip hop son hermanos…»

-¿Grabaron juntos o a distancia?

-Juntos, pudimos conocernos ahí en Miami. Lo de los feats a distancia es más difícil y un poco más frío. Hay veces que no queda otra: con Nathy tuvimos que grabar a distancia porque ella vive en España. Pero aún en esos casos, me meto mucho en la obra y trato de hacer que el otro artista se involucre. A veces es difícil, cuando te mandan un tema, sentir que también es tuyo. Capaz sentís que te están invitando a una cancha que no es tuya. Yo no hago feats con cualquier artista: te mando el tema y te digo que lo hagamos si siento que de verdad es una prenda que está hecha a tu medida. Si Nathy no se subía a «Argentina», no se subía nadie; si no se subía Duki a «Panamá», no se subía nadie. Son temas que les di y les dije: «Sos vos o no va en el disco».

-Hoy la industria suma feats pensando más en los likes y las escuchas que en el valor de la canción…

-Exactamente.

-…pero no parece ser el concepto en tu caso.

-¡Todo lo contrario! Es más, la gente apoya más los temas en solitario que los featurings. Cuando hacemos los featurings, tratamos de hacer una obra en conjunto con otra persona. Fuimos a lo de Randy, teníamos una estructura más o menos del regueetón que habíamos hecho con Biza (por Bizarrap), también, y dijimos «Amigo, nosotros queremos que vos le pongas tu condimento de la isla. Traé a tu DJ, a DJ Fermin, y vamos a ponerle el sonido de reguetón de la isla, del caserío. Vamos a hacer el primer perreo argentino, papá». Tiene arreglos de tango, también, entonces juntar el tango con el reguetón es algo súper raro. Y la idea es esa, que cada persona que venga y sea invitada a la casa que es nuestro proyecto pueda decir «yo estuve acá y dejé mi marca personal de lo que hago».

-En «Dance Crip» usás un sample de «Rapper’s Delight», de The Sugarhill Gang, y otro de «Coolo», de Illya Kuryaki and the Valderramas. Es como una doble referencia al lugar del que vos venís como artista: el hip hop y la Argentina.

-¡Súper! Y es súper importante también tener el respeto y agradecerle a las personas que estuvieron antes que nosotros, sin importar el género. Porque, así como tengo el respeto con Dante y Ema por lo que hicieron por el hip hop, es el mismo que les tengo a Mercedes Sosa, a Víctor Heredia, que son realmente voceros de una generación anterior. Nosotros somos los voceros de la generación actual. Entonces, para mí es importante estar unidos y aprender de ellos. Para su generación fue mucho más difícil la libre expresión, la no censura, el cantar en contra de la dictadura o de la policía. Y volviendo a Illya Kuryaki: fue la primera vez que la Argentina escuchó rap. Con Illya Kurayki, el Sindicato Argentino de Hip Hop, con Jazzy Mel también, pero era algo que acá no se escuchaba. En la Argentina nace el rock, la cumbia, otro tipo de géneros, entonces mi eslogan es «Vamos a llevar al rap argentino lo más alto que se pueda». En «Dance Crip» metimos el sample de «Coolo» como diciendo «mirá, antes también estábamos pegados y ahora el rap se sigue manteniendo de pie como en los ’90».

-En «Dance Crip» retomás la idea de ser «el vocero» que ya planteabas en Atrevido. Tiene toda una responsabilidad asumirse como vocero de otros, ¿no?

-¡Súper, súper! Creo que me van pasando las cosas después de que las hago, ¿viste? Vivo en La Boca y escupo lo que escupo porque necesito hacerlo, si no me muero. Es mi medio de expresión. La música es el medio por el que puedo decirte todas las cosas que no puedo decirte ahora, hablando. Cuando los pibes de la calle me dicen «Eh, bien ahí que dijiste esto en tu tema, pienso lo mismo», me doy cuenta de que estoy siendo la voz del barrio. De que por un parecer que tengo yo, por una ideología que tengo y necesito expresar, quizás están hablando un montón de otras personas que no tienen el mismo medio. Y están hablando a través de mi música, también. Y siento que Bien o mal lo hago más desde un ciudadano argentino o latinoamericano que desde una comuna o un barrio. Yo soy de La Boca, soy de la Comuna 4, pero además soy latino y soy de la parte sur de Latinoamérica. Y la realidad que vivimos acá es la misma que viven los colombianos, los venezolanos, los brasileños… Hay una identidad colectiva que es nuestra. Nuestro continente es nuestra raza latina.

-¿Eso de hablar desde otro lugar tiene que ver con un crecimiento de tu visión?

-Es lo que me va pasando en la vida… Empecé a escribir Bien o mal antes de sacar Atrevido; tenía 17 años y ahora tengo 20, tuve la oportunidad de ir a América del Norte, a Europa… En Holanda no saben ni qué carajo es el barrio de La Boca, para ellos soy un latino. En Estados Unidos igual. Entonces entendí… Además, al recorrer América latina, veo la misma marginalidad, la misma escasez, la misma lucha, el mismo pasado, la misma cultura. Todos sufrimos las mismas invasiones, los mismos maltratos, las mismas dictaduras. Somos una identidad colectiva realmente.

-¿Entonces asumís una representación más amplia?

-Creo que es escalonado: Atrevido es el disco de Trueno desde La Boca hablando hacia la Argentina y siento que Bien o mal es el disco de Trueno de la Argentina hablándole a todos los latinos. Y así vamos a conquistar el mundo, amigo (risas).

-En un momento mencionaste la palabra «ideología». ¿Es se traduce en una identificación partidaria?

-Mi ideología es que el pueblo va más allá de un partido político o de las marionetas que tratan de ponernos como ídolos para separarnos, justamente. Sos de Boca o de River, sos de derecha o de izquierda… En realidad, nosotros somos una sociedad, un pueblo, y pasamos todos por las mismas injusticias. Yo hablo de La Boca, pero hay un montón de barrios en el mundo en los que pueden sentirse identificados, aunque vivan en Florencio Varela, Chile o Colombia. Entonces, más allá de lo político, yo soy del pueblo.

-Bueno, de derecha no sos…

-¡No, obvio! Pero también siento que la música que hacemos y el mensaje que traemos, de decir lo que queremos sin censurarnos, y si queremos hacer un cambio, hacerlo nosotros, desde nuestro día a día como ciudadanos en la calle, va más allá de la política. Hago música para que la gente la vibre y la viva en la calle, y lo que no nos gusta lo vamos a discutir a muerte, venga lo que venga.

-Cuando sacaste Atrevido hablabas de la transición de freestyler a artista y en Bien o mal eso termina de concretarse. Por ejemplo, ya no necesitás reafirmarte desde la pelea.

-Exacto, creo que este disco es la consolidación como proyecto de música. Somos músicos. El freestyle fue un momento hermoso y es algo muy histórico, también: Eminem, Kendrick Lamar y Busta Rhymes empezaron con las batallas. Siento que gracias a todo lo que pasó con el feestyle, hoy en día la Argentina es un país hip hop. Es como un lugar de entrenamiento que te da muchos poderes, muchas cualidades, mucha rapidez y mucho público, también.

-Pero podés ser un gran freestyler y no ser artista.

-Exactamente. Ahí es donde está la diferencia entre freestyler y rapero. Los raperos tenemos algo que decir, más allá de hacer un contrapunto de ego contra otra persona. En los últimos dos o tres años, estaba en las batallas de freestyle y no me importaba ganar. Gané porque lo disfruté, pero antes mi mentalidad era súper competitiva, súper tajante. Pero empecé a pensar en que tenía otras cosas que manifestar más allá de contestarle a lo que me decía otra persona. Casi todos los músicos argentinos de la música urbana éramos freestylers, pero los que están donde están hoy en día es porque tienen su mensaje, su personalidad y su estilo. Tanto Duki, como Tiago PZK, como Lit Killa, como Paulo Londra, como yo o cualquiera de los músicos…

-Pero en «Hoop Hoop» hablás de algunos «traperitos que suenan de juguete». ¿Hay una escena que no respetás?

-Yo no respeto las apologías falsas. Ni siquiera hablo de la Argentina. Y hablo también del rap, más allá de que el trap también haya absorbido ese concepto. El boom bap de los ’80 y los ’90 también habla de delinquir, de la trata de blancas, de drogas, de la crack house, la cocaína, las pastillas, el fierro… Y si hay algo que aprendí del mensaje de la Comuna Cuatro es que eso no es ningún éxito. Y por eso también tiene patas cortas. «Ah, sí, todos tomamos jarabe para la tos»… ¡y ahora están todos en rehabilitación! ¿Adónde te llevó eso, realmente? Hacé algo piola de tu vida, que tu mamá no esté preocupada, boludo. ¿Qué éxito es ese? Por eso digo que, hagamos lo que hagamos, la esencia del hip hop son los códigos que tenemos y que son los que nacieron en el Bronx en los ’70: el hip hop es diversión mundial, es familia y es hacer algo por la comunidad todos juntos. Es eso, no pensar que tener un fierro te hace bueno, que drogarte te hace piola o que el éxito es una cadena de oro. El éxito no es estar rodeado de mujeres y tener una Ferrari: es cumplir el propósito que cada uno tiene en su vida y atreverse a no tener miedo. Todos estamos para dejar huella en este mundo, cada uno con su propósito. Eso es lo que tratamos de incentivar en la gente de los barrios: sacarle la pistola y ponerle un micrófono, a ver si sos tan bueno para rapear adelante de 50 mil personas. Tenés que tener huevos para que tu voz sea tu arma.

-«Fuck El Police» tiene un título similar a un clásico N.W.A., pero también rapeás «Videla y Massera ya lo pagaron con sangre / Novecientas once veces me cago en su yuta madre».

-Es un poco lo que hablábamos de «Dance Crip», también: es un homenaje, obviamente, pero no es que hago «Fuck El Police» porque era fan de N.W.A. y pintó. La policía es igual de injusta en Estados Unidos como en China y como en La Boca. Siguen siendo los causantes de muchas de las cosas malas que le pasan a la sociedad. La droga está en los barrios porque la policía la pone ahí o deja que esté ahí. Las armas en los barrios están porque la policía se las da. Las zonas liberadas las libera la policía. Entonces, si el sistema en el que estamos hiciera las cosas bien, habría montones de familias viviendo felices y teniendo un futuro. A cinco cuadras de donde estamos ahora hace poco mataron a un jugador de fútbol porque tenía cara sospechosa, supuestamente. Y siento un silencio muy grande en Latinoamérica respecto a eso: muy poca gente se atreve a ir en contra de la justicia, que son el poder más grande de la sociedad.

-¿Por qué creés que pasa eso?

-Por miedo. Te controlan desde el miedo. O me votás o te quedás sin comida. Hacés lo que yo te digo y cerrás el culo o vas en cana y te cagamos a palos, ya sabemos dónde vivís. La mayoría de los secuestros los organiza la policía, también. Entonces, siento que es necesario mostrarle el dedo del medio a toda esa gente que está haciéndole daño a nuestra generación. Y también, que nuestra generación sienta que no tenemos que tener miedo.

-Sin embargo, en «Manifiesto freestyle» decís que los jóvenes tienen la sartén por el mango.

-Somos nosotros, somos nosotros.

-Pero decís que tienen miedo.

-No, lo que digo es que somos quienes vamos a decidir qué futuro tenemos. Y sin poner en juego la violencia ni caer en los mismos métodos que tienen ellos con nosotros, vamos a hacer realmente un cambio. Como todos los guachos de los colegios de bellas artes que marchan todos los fines de semana o las radios como FM Riachuelo, donde mi mejor amiga de la infancia habla de la realidad de La Boca y hace que la gente se despierte, que no tenga miedo. Hay un montón de cosas que no tienen por qué pasarnos, por más que nos digan que es lo que nos cabe y que no podemos hacer nada.

-A partir del éxito de tu música, tu realidad ya cambió y va a cambiar todavía más. Kanye West ya no vive en la casita de Chicago…

-No, vive en una mansión.

-Y está bien, se lo ganó. Pero, ¿cómo hacés para seguir siendo el mismo? Porque en «Bien o mal» decís «Yo sólo como con quien pasé hambre».

-El concepto, más que «en dónde», es «con quién». Yo sigo con las mismas personas desde que soy el Mateo que jugaba a la pelota en las calles de La Boca. Sigo con los mismos pibes de La Boca y Barracas, con los mismos amigos de la primaria. Y si me mudo a otros barrios a través de este disco es para evolucionar como músico y hablar de otras realidades fuera de las que vi toda mi vida. Pero si no tuviera alrededor a la gente que tengo, como mi padre o mis amigos, mi mujer, mi madre o mi familia, obviamente me hubiese descarrilado, no hubiese entendido nada…

-Y estarías hablando de tus cadenas de oro.

-(Se ríe) Exactamente.

-Ahora que ya pasó un tiempo, ¿pudiste reflexionar sobre la importancia que tuvo haber sido invitado por Gorillaz en el Quilmes Rock?

-Fue increíble, amigo, un flash… Yo siempre me doy cuenta de las cosas después de que pasan. Fui, hice un freestyle, me divertí…

-Y te fuiste mientras «Clint Eastwood» seguía sonando.

-Sí, no me quería quedar copándoles el escenario… Ya había tirado mi freestyle, habíamos hecho el estribillo de nuevo, entro también su corista que hizo una versión más raggamuffin… Pero nada, súper agradecido y, hablando en general de lo que representa el rap de este país, hacer este tipo de colaboración con una de las bandas que viene del país más confrontativo con la Argentina históricamente es decír «mirá cómo la música enlaza las cosas». Contra la violencia, contra la guerra…

-¿Por eso fuiste por ese lado en el freestyle?

-Sí, no, es lo que me pasó, lo que sentí en ese momento, no lo pensé… Yo no escuché mucho Gorillaz porque cuando salió tenía 2 años, pero sé que es una de las bandas más globales en la historia de la música, se escucha en todos lados. Y que vengan a la Argentina y me reconozcan, y me inviten a hacer una reversión de Coolio, encima, que es un rapero tan histórico, ufff… ¡Estamos haciendo las cosas bien! El rap en la Argentina está bien (se ríe).

-¿Creés que tu generación será la que logrará saltar la barrera del idioma con el mundo angloparlante?

-Creo que sí, que ya lo estamos haciendo. Desde las colaboraciones, todo… Mi novia con Christina Aguilera, yo tengo algún featuring que no puedo adelantar… Es un flash, es la Argentina diciendo «cada vez estoy más presente acá». Desde cinco años para acá, las cabezas del mundo están girando para mirar la escena argentina. Todo va a ser cada vez más grande. hay más diversidad artística, todos los géneros. Acá tenés de todo y son todos músicos muy talentosos.

-¿Y cuál es tu rol en esa avanzada?

-Mi identidad es el hip hop y trato de devolverle todo lo que me dio. Por eso mismo, los homenajes que hacemos en «Dance Crip» o hacemos canciones más de protesta, porque el hip hop nace del grito del pueblo. Soy uno más en el pueblo y todo lo que aprendí -la manera de decirlo y por qué- fue por el hip hop. Fue por mi padre, por Comuna Cuatro puteando a Macri en 2006, cuando era presidente de Boca, todavía no estaba en lo gubernamental. Desde los eventos que hacíamos Familia Hip Hop en Catalinas Sur con un alimento no perecedero para los comedores como entrada. Entonces, trato de devolverle al hip hop todo lo que me enseñó y me hizo ser, que es la persona que soy hoy en día.

-Pero esa escena era underground y ahora explotó. ¿Creés que habrá nuevas generaciones de artistas que lo lleven más allá?

-Súper, súper. Y más en este país, donde levantás una piedra y sale un talento nuevo. Es así. Y si nosotros con un hip hop underground y con los pocos recursos que teníamos hoy en día tenemos esta visibilidad mundial, no me imagino en diez años la gente que está empezando a rapear ahora… Para mí se va a ir todo a la mierda (risas).

Su relación con Nicki Nicole

Trueno y Nicki Nicole comenzaron su relación mientras hacían «Mamichula», uno de los hits de Atrevido. Y Bien o mal trae un nuevo capítulo en esta suerte de diario-no-tan-íntimo, «Sólo por vos», donde el rapero habla de la relación a distancia y las inseguridades que eso genera. «Gracias al primer disco conocí lo que es el amor», reconoce Trueno. «Conocí a mi novia, conocí lo que es estar enamorado por primera vez en mi vida, con la persona que hoy es mi compañera. Es un tema dedicado a esa sensación y a ese momento. Es como una «carta de amor» de cuando uno se separa de la persona con la que uno elige transitar un camino común. Como somos dos personas que están mucho tiempo afuera, tratamos de acompañarnos en lo personal. Creo que lo escribí en una de las veces que ella se fue de viaje dos meses. Y nada, uno está acostumbrado a convivir con una persona… Pero es entendible, porque yo también soy artista y me voy dos meses a España, y ella tiene que estar dos meses en México. Nos va a pasar toda la vida… Creo que nace de esa nostalgia y de ese extrañar a tu compañera».

Fuente:Página12

Comenta aquí