Economía

Retenciones: un debate clave

Recientemente, voceros de la derecha neoliberal agraria salieron a explicar lo beneficioso que sería para todos los argentinos eliminar los Derechos de Exportación (DEX). La Fundación Producir Conservando, uno de sus voceros más connotados, estima que así podríamos llegar en el 2029/30 a los 165.000 millones de Tn. Esto traería un aumento adicional de las exportaciones, que estiman en 18 mil millones de dólares, que nos permitiría, según esta Fundación, superar el actual “estancamiento productivo” de 130.000.000 Tn. ¡Ni que tuvieran la bola de cristal de los mercados para hacer semejantes predicciones!

Para el neoliberalismo, el único parámetro válido de medición del modelo agrícola es el volumen; para nosotros, al volumen hay que interrogarlo desde distintos costados. Para ellos es igual un volumen hecho por 1000 empresas concentradas e integradas verticalmente, que por 500.000 chacareros. Les da lo mismo deforestar, fumigar pueblos y escuelas, con tal de sembrar un poco más. Todo en aras del volumen a secas. Nosotros queremos volumen, pero con productores, al servicio de la soberanía y seguridad alimentaria. ¡¡Aspiramos a construir una nación, no una factoría!!

Hoy, la innovación científica y técnica permite que la agricultura prescinda del chacarero tradicional. Que haya agricultores es una decisión política de la sociedad acerca de quién quiere que le produzca los alimentos: un millón de agricultores genuinos o un par de miles de empresas concentradas e integradas verticalmente. Esa es la madre de todas las batallas. Para fortalecer al pequeño productor genuino frente a las corporaciones y pools de siembra, las retenciones son un instrumento clave. Además, son una herramienta de política económica multipropósito: pueden servir para desacoplar precios y para recaudar.

Analizar las retenciones con independencia del contexto, como un fin en sí mismo, es una trampa discursiva de la derecha. Deben analizarse en función del modelo de país que se desea. Sin retenciones en los 90 desaparecieron 103.000 chacareros y se hipotecaron 13.000.000 de hectáreas solo en el banco Nación. Y con retenciones, a partir del 2003 no se le remató el campo a nadie.

Los que predican la supresión de retenciones se asientan en dos pilares falsos:

A) Aumento del área sembrada.

B) Incorporación de tecnología. Nada les importa la soberanía y seguridad alimentarias, la ocupación geopolítica del territorio, el arraigo, la diversificación productiva, la chacra mixta, el precio de los alimentos, el medio ambiente, la racionalidad logística. Ninguno de esos parámetros, donde las retenciones pueden tener un rol relevante, son considerados en el análisis; sólo les interesa el volumen y las utilidades.

Bien, ellos dicen que aspiran a llegar a las 165.000.000 tn, para lo cual tenemos que sembrar 42.500.000 hectáreas. Dado que hoy se siembran 38.000.000 de los 5 principales cultivos, deberíamos agregar 4.500.000 hectáreas para llegar a lo que plantea Producir Conservando. La pregunta es: ¿dónde se va a sembrar? Porque tierra hay la que hay, es un bien finito, no se puede comprar una máquina que la fabrique. Para eso se usa el eufemismo “ampliación de la frontera agropecuaria”. Pero su verdadero nombre es «depredación ambiental extrema». La respuesta acerca de dónde van a sacar la tierra que necesitan incorporar es fácil: van por los pocos bosques naturales que aún quedan. La Argentina, según la FAO, es una de las 10 naciones que más deforestan en el mundo. Lo hace a un ritmo de 300.000 hectáreas anuales, más o menos lo que requiere “La Fundación” para llegar a las 42,5 millones de hectáreas sembradas. Aca no entiende el que no quiere, especialmente la porción del FdT que está enamorada del productivismo agrícola exportador. La Mesa de Enlace, los economistas ortodoxos, los gobernadores que predican a coro “que hay que sacar las retenciones y producir más» deben decir cómo y dónde sembrar para producir más. Hablen claro, digan “dónde» y “cómo”, sin eufemismos ni verso. Veremos cuánta licencia social tienen esas ideas.

El otro argumento es el de la aplicación de tecnología a la siembra. Se han cansado de escribir que la agricultura de la Argentina era la más avanzada del mundo, que nuestra industria metalmecánica era de punta. Basta con recorrer los suplementos rurales de los medios hegemónicos para darse cuenta la catarata de elogios que le dedican a nuestros sojeros. Resulta que ahora estamos atrasados en aplicar tecnología. ¿Qué lo impide? Según ellos, las retenciones. Entonces: ¿cómo llegamos a ser los mejores y más eficientes del mundo, con retenciones? Resulta que ahora hay que sacarlas para llegar al lugar donde decian que estabamos. ¿En qué quedamos?. Por otra parte: ¿dónde está esa semilla bomba que va duplicar los rindes promedio, o ese fertilizante explosivo que va dar esos rindes extraordinario por encima de los que tenemos hoy? ¿Por qué hay que sacar las retenciones para acceder a ellos?

Lo que en realidad buscan con esa modernización antiestatista, es una nueva ley de semilla que elimine el uso propio y le pague a Monsanto regalías extendidas. Son meros defensores de compañías extranjeras, a las que les importa un bledo el país. Por eso defienden el volumen a ultranza sin importar quién lo hace.

Si hoy se sacaran las retenciones no quedaría en pie un solo pequeño y mediano productor, de los pocos que quedan.

 

Hay más o menos 60,000 productores que siembran soja. El 12% (7.200) de ellos hace el 62% de la soja. Como vemos, la concentración es inmensa. La soja paga un 33% de retenciones; si se las sacara, ese 12% más concentrado tendrían un 33% más de liquidez. Sin duda, con ese “líquido” iría por las tierras que trabajan los otros 52.800 productores, con lo cual el peligro de la concentración sería total. Por eso es tan importante segmentar y tener un Estado presente. Si queremos agricultura de rostro humano se deben mantener las retenciones y segmentar de acuerdo al tamaño de las explotaciones. El tamaño define, el que más tiene más paga.

Fuente:Página12

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