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LA SANGRE INOCENTE CON LA QUE SIEMBRAN LOS TERRITORIOS QUE NOS PRETENDEN ROBAR

«Este mensaje es urgente y gravísimo, porta nuestro indescriptible dolor y necesito que así lo reciban para que despierten conciencias adormecidas.

Una vez más, una de nuestras hijas de tan solo 12 años en la provincia de Salta perteneciente al pueblo wichi, ha sido violada y estrangulada. Hoy pelea por su vida, está internada en grave estado, una hija a la que no conozco, una hija que merece jugar, crecer, ser feliz.

Una hija en un país racista y criminal que está permitiendo con su indiferencia, la multiplicación de muertes sobre nuestras niñeces. Un país que está de acuerdo con el genocidio, que no se conmueve ante nada, ni aún, cuando las balas asesinas provenientes del estado disparan en contra de las niñeces mapuche.

En la Argentina en donde no hay presupuesto para la alimentación, educación, salud, políticas de género, etc., sin embargo, sí hay presupuesto para reprimir y matar. Aún hoy, permanecen recluidos junto a sus madres los pichikeches mapuche, son nueve, todos muy pequeños, incluso bebes que nacen sabiendo lo que es la cárcel por el solo hecho de ser mapuche, y querer vivir en territorio como mapuche.

Sus madres son judicializadas, en este país al que no se le cae una lágrima cuando de muertes indígenas se trata. Otra hijita a la que aún no conozco, nació en cautiverio con su ñuke apresada por querer recibirla en territorio liberado y resguardado. El estado argentino ensañado contra ella, ya en el vientre de su madre le hizo saber que no era bienvenida.

Una machi, autoridad espiritual de mi pueblo mapuche, injustamente encarcelada y con su rewe, lugar sagrado militarizado.

Todos callan el genocidio.

Todos lo habilitan, el Papa con su silencio, el presidente con su firma, la vicepresidenta con su indiferencia, una inmensa mayoría del pueblo argentino con su indolencia. Los grandes medios hegemónicos de comunicación con sus mentiras racistas.

Todos/todas/todes avalan, el país amanece una y otra vez como si nada, pero aquel grito desesperado de aquella niña wichi llegó potente a nuestros oídos y corazones, a la selva, a la montaña, a la estepa, y nos ha empujado a salir para exigir que se termine. ¿Cuántas niñas más tienen que ser violadas y asesinadas? ¿Cuántas serán necesarias para que despierten a este país? ¿Seguirán sembrando con sangre inocente de nuestras hijas los territorios que quieren tomar? ¿Hasta cuándo?

Estamos saliendo ahora, dejando nuestras casas, familias y comunidades porque no podemos seguir permitiendo este genocidio. Emprendemos nuestro viaje a Buenos Aires sabiendo, que no será fácil llegar y ser escuchadas, aun así, tenemos que hacer algo.

¿Dónde están ustedes? Les necesitamos, no podemos parar esto sin su compromiso, sin su ayuda.

Declaramos alerta plurinacional y continental para exigir justicia, para que se termine, para acabar con estos crímenes. Estaremos en Buenos Aires, la ciudad más racista de nuestro país, queremos pedirles que nos acompañen, las niñeces indígenas merecen tu compromiso, todas las vidas importan» (**).

Siento entre bronca y vergüenza, tengo la imposibilidad de entender lo que anida en el corazón y en la cabeza de la gente.

¿Cuántos más divulgan estas cosas? ¿A quién le llega estas cosas horribles que están transmitiendo estas mujeres en lucha?

Los pueblos originarios son los únicos que defienden la soberanía ante el avasallamiento de las grandes corporaciones extranjeras que se están instalando, cercando y tomando todo el sur argentino, sin embargo, resulta que son los pueblos originarios los que están siendo oprimidos, perseguidos por los cipayos que defienden a los intereses extranjeros y que toleran de una manera impropia que personajes como Lewis, tenga en sus tierras un aeropuerto más grande que el de Bariloche, al que nadie controla y en el cuál, se realizan vuelos a Malvinas.

Los medios están tratando de meter en la cabeza de la gente que los tremendos avasalladores de la tierra son los pueblos originarios, cuando los que están tomando la Patagonia y la Cordillera de norte a sur son los grandes inversores de bandera extranjera.

Los pueblos originarios son naturaleza, están inmersos en ella, es su cosmogonía.

Los que dividimos al hombre de la naturaleza somos nosotros, inspirados por el demonio, ósea que nuestra actitud de disolución, de nuestra unidad con la naturaleza, es demoníaca, mientras que estos pueblos, incluyen, unen y se desarrollan a partir de la unidad del hombre y de la naturaleza. Ellos son realmente representantes del cielo.

Fuente:www.humanidadadondevas.com

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